Los próximos Juegos Olímpicos de la Juventud que se disputarán en 2018 en Buenos Aires presentarán dos particularidades con el objetivo de promover la equidad de género: igual cantidad de atletas hombres y mujeres y deportes mixtos. Opinan los especialistas.

De igual a igual

Daniela Simón

28 DE MARZO DE 2018

Los Juegos Olímpicos de la Juventud del próximo año tendrán la misma cantidad de participantes hombres y mujeres como una forma de promover la igualdad de género, un hecho inédito en la historia del olimpismo. Además, de los 32 deportes –habrá cuatro más que en la edición anterior- 22 serán mixtos y su inclusión presenta discusiones por términos biológicos, de resultado y culturales.

Las novedades podrán poner en el centro de la escena a las prácticas deportivas de la mujer, muchas veces relegada. Y pondrán en manifiesto la superioridad masculina por sobre la femenina.

El deporte es uno de los pocos ámbitos en los que la segregación sexual está naturalizada y es aceptada por la gran parte de la sociedad, sean éstos atletas o no. Hombres y mujeres compiten con personas de su mismo sexo porque se tiene la idea de que el hombre presenta características de superioridad.

Los primeros Juegos Olímpicos, celebrados en Atenas en 1896, no tuvieron participación femenina. Más de cien años después, en Londres 2012, por primera vez en la historia hubo atletas mujeres en todas las delegaciones, lo que supuso un 44 por ciento del total. En los Juegos de Rio 2016, se alcanzó el 45 por ciento de deportistas mujeres sobre un total de casi 11.500 atletas.

Tener la misma cantidad de hombres y mujeres podría tener efectos positivos si se articulan en forma coherente con políticas públicas amplias en torno al deporte y la actividad física y la juventud y la niñez, cuyo objetivo sea reducir la inequidad de género en el deporte, pero su organización no garantiza ni uno ni lo otro”, afirma César Torres, doctor en Filosofía e Historia del Deporte.

Por su parte, Magdalena Aicega, exjugadora de hockey de la Selección Argentina, partícipe de tres Juegos Olímpicos (Sidney 2000, Atenas 2004 y Beijing 2008) dice: “El deportista no hace una división, no está pensando si van más hombres o más mujeres, piensa en ser el mejor para poder llegar. Sabe que depende de él crecer para igualar al otro, indistintamente del género”.

El cumplimiento de un cupo de género para la delegación de cada país indica, según Aicega, ciertos límites: “Creo que tienen que ir los mejores en su deporte. Un número condiciona a la hora de ver quiénes van. Hacer que vayan la misma cantidad permite que clasifique alguno que no sea el mejor en lo que hace, y por no tener el nivel podrían conseguir un mal resultado, que les significaría una frustración”. Aicega, en abril de este año, se convirtió en la primera mujer en integrar el directorio del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD) y aclara que la entidad desarrolla sus programas y becas de acuerdo a los logros deportivos sin distinción de género.

Torres y Aicega coinciden en que en el ámbito administrativo el Movimiento Olímpico sigue teniendo muestras de inequidad de género. El área de administración del ENARD tiene 29 miembros, y sólo tres son mujeres. El Comité Olímpico Argentino está compuesto por diez hombres y una mujer, y de los 29 miembros de la Junta Ejecutiva del Comité Olímpico Internacional (COI) sólo tres son mujeres. “El punto es visibilizar que hay una cuestión jerárquica de los sexos”, dice Lucía Ciccia, licenciada en Biotecnología y becaria del Conicet en el Instituto de Investigaciones Filosóficas. “La mujer no tiene las mismas posibilidades de dedicarse al ámbito académico profesional que el hombre, es una cuestión de opresión.”

Batallar la desigualdad desde la cancha

“Los deportes mixtos plantean una alternativa al modelo 'pluralista' de igualdad de género en el deporte. Éste acepta y promueve la idea de 'separados/as pero iguales'. Integran y demuestran que es posible articular modalidades de competición en las que hombres y mujeres se mancomunan”, opina Torres.

El criterio de Aicega se asemeja al de la mayor parte del público: “Me parece que hay cosas que no hay que mezclar. Hay deportes en donde la diferencia no se nota, pero hay otros en los que por cuestiones genéticas y biológicas, la mujer no tiene posibilidades de competir de igual a igual”.

La segregación sexual en el deporte acepta las presuntas diferencias biológicas, y la considera necesaria porque asume la inferioridad de la mujer en términos de fuerza, destreza y habilidad física. Ciccia critica la existencia de esa diferencia sexual biológica enmarcándola en diferencias políticas. Además, considera que de esta manera se respalda la dicotomía de los sexos, que surge para sostener la lectura jerárquica de los cuerpos, y que se debería de analizar qué es hombre y qué es mujer. ¿Es términos hormonales? ¿cromosomáticos? ¿de genitales? “Es reproducir el régimen patriarcal, segregar y suponer que hay una condición menor en la mujer”, dice.

Para entender mejor su postura, hay que establecer que cuando se habla de “sexo” es en términos biológicos, y que el “género” es considerado producto de la construcción cultural. La fuerza normativa hace que cada individuo se correlacione con su sexo asignado al nacer, una mujer se criará con conductas y comportamientos del género femenino y un hombre con las del género masculino.

“El desempeño en el deporte no es sexo-dependiente, hay también una construcción social que formatea a los individuos. Se relega o subestima el impacto que tiene la impronta de género en las capacidades cognitivas y físicas. Hay un encorsetamiento del desempeño físico en el sexo femenino. No pasa sólo por las concentraciones hormonales, la diferencia tiene que ver con la experiencia. Las prácticas de género formatean el cuerpo y se encarna en él. Por la plasticidad y la capacidad de incorporar experiencia, el cerebro hace que se encarne a nivel biológico en todo el cuerpo, incluso en la fuerza física”, comenta Ciccia.

Para ella, las diferencias físicas entre hombres y mujeres puede ser menor en los Juegos de la Juventud, en los que participan jóvenes de entre 15 y 18 años, que en un Juego Olímpico. Esto se daría por las prácticas de género de las personas adultas, es decir, no por términos biológicos innatos, sino adquiridos. “Si un hombre corre más o con mayor velocidad que una mujer, no es el hombre en tanto categoría biológica, es el hombre en tanto categoría política, normativa. Esta lógica normativa, en cómo fuimos criados, formatea la realidad fisiológica”, aclara.

La segregación sexual en el ámbito deportivo cosecha argumentos a favor y en contra y acepta -sin dudar- que el sexo masculino presenta características físicas superiores al sexo femenino.

Lo cierto es que el COI evalúa incluir ciertas disciplinas mixtas en los Juegos de Tokio 2020 y cortar con la diferencia participativa entre hombres y mujeres. Los Juegos de la Juventud serán un primer paso.

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