Luego de haber logrado el Campeonato Mundial Sub 23 con la Selección Argentina, el central Gastón Fernández le contó a El Equipo la repercusión que obtuvo post torneo.

De pensar en dejar el vóley a sentirse Maradona

Juan Pablo Santillán

28 DE MARZO DE 2018

Gastón Fernández fue el central titular de la Selección Argentina Sub 23 que obtuvo la primera Copa del Mundo de vóley en la historia del país. “El Pampa” fue el goleador de la victoria final, 4-2 frente a Rusia con un aporte de 20 puntos.

Fernández es oriundo de Guatraché, un pueblo de La Pampa, y de allí, con apenas 16 años, vino a Buenos Aires para una prueba de talentos en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD), en la cual quedó, y nunca más dejó de ser convocado para la albiceleste.

Este año fue atípico para el central de River Plate, debido a que estuvo tres meses sin jugar por el doping positivo que dio luego de las fiestas de fin de año por haber consumido carne en mal estado durante un campeonato con la Selección, en México. Pero su amor por el vóley pudo más. Se entrenó y fue convocado por Camilo Soto para el Mundial Sub 23 disputado en Egipto, el cual jugó como capitán, y el resto es historia.

-¿Cómo arrancaste con el vóley?

-Un profesor me vio en la calle y me invitó a jugar, fui a acompañar a unos compañeros que habían sido convocados a la selección pampeana, y ahí me vieron de esa selección; me llamaron y ahí había un contacto con la Selección Argentina. Yo no tenía ni idea del vóley, imaginate. Un día me llegó una convocatoria para venir tres días al CENARD, era una captación de talentos. Empecé el vóley directamente en la Selección, es muy loco, pasa en un caso de 100; hice todo al revés, en vez de empezar en un club, fui a la Selección directamente y después a un club.

-¿Cómo recaíste en Buenos Aires para jugar al vóley?

-Jugaba en La Pampa, de arquero en el Club Atlético Pampero, y ya había debutado en Primera. Fue un cambio durísimo. La única vez que vine para Buenos Aires, fue de vacaciones. Yo quería venir a desarrollarme mejor en el vóley, porque allá no es muy bueno; no lo dudé, pero el primer año fue durísimo, extrañaba a mi familia, a mis amigos, yo no tengo familiares acá, viví dos años en el CENARD. Cuando vine estaba en el secundario todavía, terminé los dos años que me faltaban acá, eso implicó tener compañeros nuevos, un desafío muy duro.

-¿Tu familia cómo tomo la noticia?

-Mi vieja no quería saber nada, viste como son las madres. Mi viejo me apoyó, los dos terminaron apoyándome y respetando mi decisión, y de eso estoy súper agradecido, porque no me hicieron trabas y me dejaron hacer lo que yo quería. Así terminamos, cosechando títulos.

-¿Cómo fue la despedida de Guatraché?

-Fue muy linda, a mi me trajo mi viejo y mis hermanos. La noche anterior hicimos un asado con mis compañeros del club de allá, con el entrenador, mis mejores amigos, nos juntamos todos en casa y después, a la mañana siguiente, me vine para acá. Mi viejo y mis hermanos se quedaron acá tres días conmigo, para que yo me acomode.

-¿Qué recuerdo tenés de tu primer campeonato con la Selección Argentina?

-Estuvo muy lindo, era la primera vez que me ponía la camiseta de Argentina y escuchaba el himno, los pelitos se me paraban. Increíble, de ese día no me voy a olvidar más, a pesar de que perdimos la final 3-2 con Brasil.

-¿Quién fue el entrenador que te metió en este mundo del vóley?

-El primero fue el de Guatraché, de mi pueblo, David Kloberdanz, y el segundo, por así decirlo, porque fueron los dos casi a la par, fue Julián Álvarez, que es ahora el asistente técnico de Julio Velasco, él fue el que me inició en el vóley.

-¿Seguís teniendo relación con David Kloberdanz?

-Sí, sí. La vez que fui hicimos todo juntos. Me acompañaba a las escuelas, comíamos asado juntos, más que relación alumno profesor, somos amigos, está bueno el vínculo que se formó.

-¿Qué te dijo luego de que obtuviste el Mundial?

-No paraba de llorar, porque yo salí de ahí, de su laburo. Yo se lo agradecí a él, le puse la medalla para que vea lo que es, y ahí se puso a llorar, se emocionó muchísimo. Juntos formamos un club llamado Unidos del Sur Vóley. Fueron campeones, fueron a los Juegos Evita, a la Copa Argentina, tiene vóley femenino y masculino, se sumaron muchísimos chicos y chicas.

-¿Cómo funciona el club que formaron?

-Lo creamos con el profe en 2013, vimos la manera de llevar chicos. Al principio fuimos cuatro. Cuando yo me vine para acá, se ve que mis compañeros se engancharon y siguieron con el profe, y engancharon a otros pibes, siguieron entrenando, y después vinieron las chicas, viene gente de la zona, de diferentes pueblos a entrenar también. Creció muchísimo.

-¿Te gustaría ser entrenador al igual que él?

-No lo tengo pensado. Por ahora pienso en jugar y cuando me retire, ya veré. Pero estaría bueno seguir por la rama del vóley, estar metido en el ambiente. Está bueno, es un ambiente tranquilo, familiar, que da ganas de estar.

-¿Cómo llevaste el tema del doping?

-Me tocó el año pasado, estuve tres meses sin jugar, después de las fiestas de fin de año no pude jugar más. Fue durísimo. Comí carne en México que estaba contaminada, durante un campeonato con la Selección, y en dos meses me llegó eso, yo no entendía nada, fue una amargura bastante grande, engordé por ansiedad, perdí mi forma física, pero bueno, el club se portó muy bien, me siguió bancando, yo seguía entrenando con mis compañeros, me saco el sombrero, me ayudaron muchísimo.

-¿Pensaste en dejar el vóley?

-Sí, ni hablar, porque yo no sabía cuánto tiempo de sanción me iban a dar, no tenía pruebas de que fue la carne. Averigüé en Internet y tenía información de que a otros deportistas les había pasado lo mismo, entonces con eso, mas o menos me pude defender y con mis abogados mandé el informe. Y después, por suerte, me sacaron la sanción, pero bueno, si se me cruzó por la cabeza dejar, porque de sanción mínimo te dan un año y un año sin jugar al vóley es mucho tiempo, pero bueno por suerte no pasó nada y acá estoy, en River, contento.

-Luego del doping, ¿cómo fue tu vuelta a la Selección?

-Me llamaron, me dijeron que me querían, querían saber cómo estaba, y la verdad que yo no estaba bien. Ni psicológica ni físicamente, igual fui. Estaba gordo, pero me pude poner en forma rápido, tanto en lo físico como en el vóley. Le agarré la mano devuelta y jugué otro Mundial más y como capitán, fue algo muy lindo porque yo viví algo muy feo y pasar a esto fue una alegría inmensa. Son cosas que quedan en el pasado.

-¿Quién te llamó?

-Camilo (Soto) me llamó, a quien le estoy agradecido, al igual que a Gonzalo Barreiro, el asistente, por haber confiado en mi, a pesar de todo confiaron en mi devuelta. Yo pensaba que ya estaba afuera de la lista, jugué tres meses de Liga nomás, ahí se marca la diferencia en lo voleibolístico.

-¿Cómo trataron tus compañeros el tema de tu doping?

-Nada, con el tema del doping mis compañeros no se quisieron meter porque sabían que estaba pasando un momento de mierda, me querían dejar tranquilo. Cuando llegué devuelta a la Selección era uno más, ya me conocían de hace mucho. El tema del doping no se volvió a tocar, ya había pasado. Somos todos compañeros, no hay mala leche. Estoy con un grupo humano espectacular. Tengo como anécdota que cuando sacan mi número (el 11), todos mis compañeros se reían y me decían: “Guarda, guarda”. Yo me fui abrazado al doctor, haciéndome el que saludaba, como el Diego y después de ahí me sale el doping.

-¿A cualquiera de tus compañeros le pudo haber dado positivo el doping?

-Yo no estaba consumiendo ninguna sustancia prohibida, todos estaban comiendo carne. Si le tocaba a otro compañero el doping, también le hubiese dado positivo. Por un lado está bueno que pasen estas cosas, para que la FIVB (Federación Internacional de Voleibol), vea donde hace las competencias, y está bueno también para que cada vez que vayamos sepamos que hubo algo, para prevenir.

-¿Qué reflexión tenés ahora que pasó lo del doping y sos campeón del mundo?

-Una locura. En ocho meses pasó de todo. Pasé del infierno al cielo. Fue tremendo. Encima como capitán, fui el primero en levantar la copa en toda la historia del vóley argentino. Ahora estoy cayendo un poco más, las dos primeras semanas nos llamaban de todos lados, me sentía el Diego, fue tremendo, son experiencias lindas que se disfrutan al máximo. Me fui para La Pampa y el recibimiento en todos lados, con el autobomba de los bomberos, todo muy lindo.

-¿Cómo fue la estadía en Egipto?

-Estuvimos 10 días a full, tuvimos un día libre que aprovechamos para ir a conocer las pirámides. El viaje fue increíble y haber conseguido el Mundial, mejor. Teníamos esa espina de que no podíamos ganar las finales, como la Selección Argentina de fútbol, pero nosotros pudimos sacárnosla, la Selección de fútbol todavía no.

-En la fase de grupos ganaron todos los partidos, excepto contra Rusia. ¿Creían que ellos iban a ser los campeones?

-La verdad que no, porque jugamos bien, pero tuvimos varios errores, y en la final bajamos esos errores y los supimos frenar a ellos. Rusia es más que potencia mundial, haberle ganado a ellos implica un plus extra.

-Luego de ir ganando fácilmente la final, ¿qué pensaste cuando se les pusieron a tiro del empate?

-Íbamos ganando 3-0 y se nos pusieron 3-2, se me vino la película devuelta. Esta película ya la vi, pero por suerte ganamos.

-¿Sintieron el aliento de los hinchas argentinos en Egipto?

-Había una familia argentina que estaba trabajando ahí, y fue a la cancha con la bandera. Después se dio algo muy gracioso, la mitad del estadio alentaba por Rusia y la otra mitad por Argentina, entonces se armaba un clima de enfrentamiento dentro del estadio. El estadio era increíble, jugar ahí fue tremendo, y más con ese clima, mejor todavía. Tuvimos mucho apoyo de acá, de la Argentina. Se sintió el cariño.

-¿Cómo viviste los últimos tramos del partido y el desenlace del mismo?

-Íbamos 13-9 y yo ya estaba pensando cómo iba a festejar. Cuando picó la última pelota afuera, fue un cruce de emociones, de sentimientos, se me vino a la cabeza la familia, los amigos, lagrimeé a más no poder. Nosotros no fuimos a buscar el campeonato, si no que fuimos a hacer el mejor papel posible; éramos el plantel más bajo en estatura y fuimos campeones. Hicimos bien nuestro juego, los

resultados se fueron dando y vimos de nuevo la posibilidad de estar en una nueva final del mundo, que no era poca cosa. Una vez ahí, la queríamos ganar.

-¿En qué pensaste cuando tuviste la copa en tus manos?

-Cuando me dieron la copa, la miré, la besé y la levanté, me hizo acordar mucho al Diego en el '86. Me sentía el Diego, por un momento. Ser campeón del mundo, como capitán y agarrar la copa, fue una locura.

-¿Cuáles son tus próximos objetivos en la Selección y lo de tus compañeros?

-Apuntamos para el Mundial del año que viene en Polonia. Hay que trabajar para poder estar, yo con tal de que me llame Julio (Velasco) para entrenar, ya estoy conforme. Cuando sos mayor hay muchos jugadores de afuera, es complicado. Hay que trabajar, como en todo, y seguir entrenando, a no bajar los brazos y seguir.

-¿Cómo se llevaron con la implementación de la regla de siete sets de 15 puntos?

-Yo creo que fuimos el país que más entrenó eso. Desde que se implementó, el entrenador nos decía que los detalles iban a marcar la diferencia y era verdad, porque si armábamos mal una pelota, era un punto menos, o si erras un saque. A 15 termina muy rápido, tenés que estar al taco siempre. Creo que nos jugó a favor, ellos sacan bien y haberlos hecho sacar de más atrás, con esa regla, pudimos sostener más. Los sets a 15, en lo personal, me gustaron. Al principio fue complicado agarrarle la mano, ahora el partido a 25 se me hace eterno, no termina más. Vamos a ver si se implementa o no, ojalá que sí.

-¿Con tus compañeros campeones se ven como la camada del futuro?

-No sé si nos vemos así, ojalá que la camada Sub 23 llegué a la mayor. Somos tranquilos, vivimos el día a día, si se da buenísimos, porque compartimos muchas cosas juntos, estaría muy bueno, pero eso lo elije Julio.

-¿Cómo llevaste a cabo la capitanía en la Selección?

-Ya había sido capitán en el Mundial que fuimos subcampeones. Eso lo eligen los técnicos, no sé por qué motivo me eligieron a mí, se ve que vieron algo que les dio para elegirme como capitán. Yo lo aproveché al máximo. Era uno más, no soy así, no por ser el capitán voy a dejar de ser lo que soy, somos un grupo unido, éramos todos uno, pero cuando había que poner los puntos, había que poner los puntos si uno se mandaba una cagada. Era un grupo de amigos. Lo manejé con tranquilidad, fue lindo, lo disfruté al máximo.

-¿Qué les dijo Camilo Soto luego de la obtención del título?

-Nos agradeció por el trabajo que habíamos hecho, por cómo habíamos laburado, por el torneo que habíamos hecho. Todo agradecimiento y felicidad. Fue una charla privada que hicimos con el grupo, él estaba muy feliz, no había mucho que decir.

-¿Qué te llevas de Soto como entrenador?

-Un grande. Un gran profe. Sabía cómo llevar al grupo, la tenía muy clara, y por algo está ahí. Hizo un gran trabajo junto a su asistente, entrenábamos muchísimo, a lo último ya no podíamos mover las piernas, pero todo tiene sus frutos.

-¿Crees que Soto pueda, en un futuro, ser el director técnico de la mayor?

-Pregunta complicada. Obvio que tiene las capacidades, pero hay un grande adelante, primero está Julio, pero por algo está en el equipo de él. No sé si querrá o pasará eso.

-¿Hablaste con Julio Velasco?

-No mucho, hasta ahí. Hablamos de los aspectos técnicos, de lo que tenía que corregir. La verdad que escucharlo a Julio es increíble, sabe muchísimo de todo, hay que escucharlo. Aprendés de eso.

-Luego de la obtención del Mundial y tu buen rendimiento, ¿te ves dentro de la consideración de Velasco?

-Vamos a ver qué pasa, yo todavía no creo que esté. Tengo que seguir trabajando para ver si me llaman, ya con poder ser llamado para entrenar estoy conforme. Ir al Mundial es algo impensado, por ahora. Yo creo que me falta un poco más. Hay jugadores muy buenos, como (Pablo) Crer, (Sebastián) Solé, que son centrales que están hace muchísimo tiempo, son grandísimos jugadores. Hay que trabajar, la esperanza siempre está.

-¿Qué sentiste al estar con la Selección mayor?

-Entrené un par de veces con ellos, porque siempre necesitan un central de más para ir rotando. Entrenar con ellos, y todos los cracks que hay ahí, la verdad que fue muy lindo, al principio estaba medio nervioso, con miedo de hacer las cosas mal, pero una vez que ya estás adentro, jugando, se te va todo. Son todos pibes, en la Selección Argentina no hay mucha diferencia de edad, eso está bueno porque te integran de una manera más rápida.

-¿Tenés ganas de irte a jugar a Europa?

-Estoy esperando que lleguen ofertas, si llegan las voy a aceptar, aunque no estoy apurado. Ser campeones del mundo y haber jugado como jugué... yo creo que las propuestas van a llegar, hay que esperar nomás. Si llegan voy, y si no sigo acá.

-¿Qué te generó ser el centro de atención de tu pueblo?

-Una locura, todos me escuchaban, era dar una conferencia en todas las escuelas, era estar con todos los alumnos enfrente mío, con chicos que yo conozco de chiquitos que me hacían preguntas, era como que yo era el ídolo, eso fue increíble, el cariño de los nenes fue impresionante.

-¿Cuál fue el mensaje que dejaste en las escuelas?

-Mi primer mensaje era que se puede estudiar y hacer deporte de alto rendimiento, que no es imposible y que está bueno que estudien y hagan deporte, involucrarlos no sólo en el vóley, si no en todos los deportes, porque ahora estamos con la PlayStation, las redes sociales, el celular y todo eso, y el pibe tiene que jugar, ir a la plaza a patear una pelota, algo, ese es el otro mensaje.

-¿Crees que hay mucha diferencia entre River y UPCN San Juan y Bolívar?

-Pasa que esos dos clubes te traen jugadores de afuera y marcan mucho la diferencia, además de que son grandes clubes que llegan siempre a las finales. Te traen un serbio, un búlgaro y dos brasileros, y no la vez a la pelota, pero bueno, está permitido. Jugar contra esos equipos, contra esos jugadores nacionales, para la experiencia propia y la del equipo sirve muchísimo.

-Vos y tus otros compañeros en la Selección (Germán Johansen y Santiago Danani), ¿sienten presión en River por haber sido campeones mundiales a la hora de responder en los partidos?

-No, por ahora no, y creo que mis compañeros tampoco. A la hora de jugar te podés equivocar, todos tienen errores. Yo no tengo esa presión. Los tres aportando un poquito, y con el equipo, vamos a competir.

-¿Cómo convivís con el estudio?

-Hace dos años que estoy estudiando el profesorado de educación física. Lo hago muy tranquilo, con pocas materias, porque me implica mucho tiempo de entrenamiento. El vóley me quita la mitad del día.

-¿Cómo haces para estudiar y competir a la vez?

-Me llevo las cosas para estudiar en la concentración, estoy con la computadora y las hojas. No me queda otra, es un esfuerzo que está bueno, el día de mañana tengo algo, tengo un título, así que estoy metiéndole ahí.

-¿Qué sentiste al estar con el Presidente?

-Fueron 30 minutos increíbles, estaba con el Presidente, no lo podía creer. Fue muy lindo. Me sorprendió cuando me dijeron, porque Germán (Johansen, compañero en la Selección y en River) me habló y me dijo que teníamos algo en el CENARD, y me mandó una foto de Macri y yo no le creía, pensaba que me estaba jodiendo, al otro día le pregunté si era verdad y no lo podía creer.

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