Carlos Fernando Navarro Montoya, mientras espera una oportunidad para dirigir en Primera División, analiza en una entrevista con El Equipo el nivel de los arqueros en los equipos grandes del fútbol argentino, con la autoridad que le da haber jugado en Boca a sus 22 años y en Independiente a los 38, y de acumular más de dos décadas de experiencia en el puesto.

“Sin equivocación no hay aprendizaje”

Nicolás Lacunza

28 DE MARZO DE 2018

-¿Cómo analizás que hoy a los arqueros les cueste tanto consolidarse en un club grande?

-No sólo a los arqueros les cuesta, sino al futbolista en general, hoy se van muy rápido al exterior, apresuradamente. Antes había jugadores de muchos años en un club, algunos de toda la vida, hoy ya no es así. Eso hace que la relación de idolatría y de referencialidad se corte y al hincha le cueste encontrar al referente.

-¿Que opinás en relación a los errores que tuvieron Agustín Rossi o Augusto Batalla en este torneo?

-Los errores siempre son entendibles porque tienen que ver con la naturaleza humana. Está claro que la importancia de los arcos de Boca o River hace que esos errores, como también los aciertos, tengan una trascendencia enorme y se magnifiquen. Hay que tener mucha capacidad psicológica para poder convivir con ellos y con todos los halagos. El acierto y el error son dos impostores muy grandes, es necesario tener mucha capacidad analítica para que no modifiquen la conducta, la manera de pensar y tus objetivos.

-¿Que diferencia sentiste entre debutar en un club como Boca con tan sólo 22 años y hacerlo en Independiente en el final de tu carrera a los 38?

-Disfruté muchísimo ambas etapas. Las sensaciones son distintas por la edad, por la experiencia que se acumula. Mi llegada a Boca me conmovió por mi juventud y porque era el sueño que tenía de pibe. Tuve la fortuna de jugar en el equipo más grande de la Argentina y en Independiente, que también es muy importante. La magnitud de lo que haces es muy grande por la trascendencia de los clubes.

-En la concepción ideal, el arquero consigue su maduración en torno a los 30 años, ¿cómo explicarías los casos de Sebastián Torrico o Agustín Orión que con su experiencia y luego de buenas etapas, han perdido la titularidad?

-Un arquero con los años es mejor porque empieza a utilizar la lectura del juego que está relacionada con el análisis, con el intelecto y con la capacidad de aprendizaje. La situación de Torrico y Orión tiene que ver con los vaivenes propios de la carrera del futbolista que pasa por altibajos. Son pocos en la historia del fútbol los que han jugado 20 o 25 años siempre de titular. Pero Torrico, que se convirtió en un arquero que gana partidos, como Orión, que es un arquero confiable, han tenido una historia rica más alla de los gustos personales.

-¿Como manejabas los errores durante tu carrera?

-El error forma parte de este juego, sin equivocación no hay aprendizaje y el acierto llega a través de la capacidad que tiene uno de usufructuar los errores positivamente. Equivocaciones vas a tener, lo importante es, primero, que sean las menos posibles y segundo, que éstas no te condicionen. A medida que esto sucede seguramente serán muchos más los aciertos que los errores.

-Como técnico, ¿qué consejo le darías a los arqueros jóvenes como Gastón Gómez, que debutó en Racing con 21 años?

-El consejo que les doy es el mismo que me dieron a mi cuando comencé, que no hay que inventar nada. Si uno ataja en Primera División es por las condiciones, entonces uno no tiene que demostrar todo el tiempo y en cada pelota lo bueno que es, esto es algo que se da naturalmente. Simplemente hay que hacer lo que uno sabe y lo que nunca debe agotarse es la capacidad de aprendizaje.

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