Los jockeys consumen diuréticos y se someten a dietas estrictas para evitar las altas multas que les imponen cuando están fuera del peso exigido, además de tener que cumplir con largas jornadas de entrenamiento. Los corredores Rubén Darío Tarragona y María Scaldaferri le contaron a El Equipo cómo atraviesan este problema del turf argentino. 

Una cuestión de peso en el turf

@equipotyd

28 DE MARZO DE 2018

“Cuando te cruza en un pasillo, en vez de preguntarte cómo estás, cómo te sentís, cómo está tu familia, la gente te pregunta por tu peso. Parece que es lo único que importa. Es algo agobiante”, dice Rubén Darío Tarragona, jockey entrerriano de 30 años, que corre en los hipódromos de San Isidro, Palermo y La Plata. Todos en el turf preguntan por el peso, como cuenta Tarragona, porque es algo tan importante que incluso es parte de las reglas argentinas: los jinetes sólo pueden pesar entre 48 y 61 kilos.

Según el reglamento, los jockeys deben pesarse una hora antes de cada carrera, para que pueda verificarse si cumplen o no con el peso establecido en su categoría. Suben a la báscula con montura, mandil y estribos; se dejan fuera del pesaje el látigo, la embocadura, la pescuezera, la pechera, las riendas, el casco y el chaleco protector. Si el sobrepeso es superior a dos kilos, el jinete no podrá correr. Finalizada la carrera, quienes hayan ocupado los cinco primeros puestos deben concurrir nuevamente a la balanza. Si el nuevo pesaje da un resultado superior al previo, la Comisón Hípica impone a los jockeys multas de entre cuatro mil y nueve mil pesos, según cuánto sea el exceso. Los reincidentes pueden recibir fechas de penalización y hasta suspensiones.

Las multas representan un serio problema para los corredores, porque la mayoría no son empleados de un criador o un haras, sino que son contratados por carrera. “A veces corro para pagar las multas y eso a mí me arruina", dice Tarragona. "En muchas oportunidades vas a cobrar y te terminan pagando la diferencia que te queda de la sanción. No tenemos un gremio que nos brinde apoyo, no hay leyes que nos amparen, que digan que si te pesaste antes y estabas en el peso, y después te bajás y pesás más es por el simple hecho de que la arena o el barro de la pista que salpican los caballos se te pegan en los elementos y aumenta el peso". Los días de lluvia el barro que se impregna en la ropa puede aumentar entre 500 gramos y un kilo el peso del jinete.

Tarragona, de un metro 70 de altura y 54 kilos, es uno de los corredores más altos y pesados del circuito, y eso lo estresa. Antes de cada competencia, come una pechuga de pollo con medio tomate, pasa hasta dos horas en el sauna y corre una en la cinta del gimnasio, todo para eliminar líquido y quemar la mayor cantidad posible de calorías. Esta rutina la repite dos veces antes de dormir la siesta para estar descansado en la carrera.

“Yo no tengo problemas con el peso, pero es un tema complicado”, dice María Scaldaferri, jocketa de 25 años nacida en Pergamino. “La mayoría de mis compañeros sufre mucho. Es algo bien sabido que detrás de las cortinas del hipódromo los jockeys toman diuréticos y otros medicamentos. Todo eso, más el ejercicio diario, los debilita mucho", sostiene.

Según Pablo Sabatielo, médico especialista en nutrición con experiencia en atención a deportistas, los diuréticos “actúan a nivel del riñón para aumentar la pérdida renal de agua y electrolitos. Así se elimina sodio, potasio y otros elementos que ayudan a mantener lo que se llama ‘medio interno’ del organismo”. Además, Sabatielo explica: “Los diuréticos pueden producir fatiga, debilidad muscular, mareos, vértigo, palpitaciones, irritabilidad, somnolencia, y sus efectos secundarios pueden ser disfunción eréctil, pérdida de la libido, cambios en el pelo, aumento mamario. La suma de diuréticos, dieta hipocalórica y sauna es una bomba de tiempo, porque una baja de potasio puede ser mortal”.

Para preservar la salud de los jockeys, en Estados Unidos y Brasil se analiza la posibilidad de subir dos kilos el peso de cada categoría. Si en la Argentina se tomara esa decisión, el mínimo pasaría a 50 kilos y el máximo a 63. Pero en la actualidad ninguna autoridad local lo tiene previsto.

Texto y producción: Marcos Valdomar Guerrero, Nicolás Estrada, Franco Blanc, Juan Scarabel y Santiago Morán.

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