Miles de personas salieron a las calles en distintos puntos del país y del exterior para jugar el partido que todos quieren ganar: #Niunamenos, la consigna de una multitud que en Buenos Aires invadió la Plaza Congreso en una conmovedora respuesta contra la violencia de género. 

Gol de mujer

Alan Mauricio Schenone @AlanSchenone

28 DE MARZO DE 2018

Parte de Argentina sufrió un infarto. Murió en las manos de Melina Romero, Ángeles Rawson, Candela Rodríguez, Lola Chomnalez y miles más. El 3 de junio volvió a abrir los ojos, salió de la cama, del miedo, de la indiferencia, a luchar por sus hijas perdidas. Para que no sean olvidadas. Para que hayan sido el último caso. Apareció una Argentina que empezó a padecer el proceso de cambio. Un sistema inmunológico que acogió en la tarde del 3 de junio la primera dosis para eliminar completamente de su organismo todo virus relacionado con el miedo, maltrato, odio y el atropello hacia otro ser humano, sea mujer o no.

Codo a codo, amontonado, expectante observando el horizonte, mirando las banderas, las pancartas, hasta fuegos artificiales. No. No era la segunda bandeja de la Bombonera o del Monumental, ni Nicolás Lodeiro o Teo Gutiérrez se aproximaban a patear un penal. Sin embargo, todos estaban esperando el grito de gol, desenfundar nuestras gargantas bajo una sola voz frente al enemigo, al rival de toda la vida. En vez de tener a un hombre en cuero con un escudo tatuado en su pecho y una camiseta sobre sus manos, aparece un padre con su nena de siete años y un cartel rosado con letras blancas, con una simple frase: #NiunaMenos. Todos estaban esperando quedarse afónicos después de gritar ese gol.

La marcha, que empezó a reunir a sus adeptos a las 15, tuvo su epicentro a las 17 con el discurso encabezado por el actor Juan Minujin, la actriz Érica Rivas y la dibujante Maitena, en un escenario instalado detrás del Congreso. “Los femicidios no deben tratarse como problemas de seguridad. Y la lucha contra ellos exige una respuesta múltiple, de todos los poderes del Estado y todas sus instancias -nacional, provincial, municipal- pero también precisa una respuesta de toda la sociedad civil”, declararon.

Con el puño izquierdo en alto, al mejor estilo black power de los Juegos Olímpicos de México ’68, y con el otro sosteniendo su osito de peluche, Enriqueta, la niña protagonista de los dibujos de Liniers (Ricardo Siri), fue la imagen recurrente en toda la movilización. Fue el reflejo de niños y niñas que acudieron a la plaza con fotos de Lola, Ángeles o Melina impresas en sus remeras. En su cuenta de Facebook, el dibujante enfatizó: “Este dibujito es una de las experiencias más fuertes que tuve como dibujante. Ayer en la marcha lo vi repetirse y multiplicarse por todos lados. Hablé con familiares de víctimas que me lo agradecieron, me gritaban cosas simpáticas por todos lados, gente hizo banderas, carteles, remeras. Un dibujito para decir algo obvio. Que a las mujeres se las respeta”. El #NiUnaMenos se hizo eco en las pancartas, camisetas, pines y pinturas en los cuerpos, hasta trascendió las fronteras, llegando a Uruguay, Chile y Estados unidos.

El 3 de junio de 2015 fue un día histórico para toda Argentina. No fue un acto premeditado por grupos políticos particulares o promovido por algún candidato,-aunque infaltablemente, muchos optaron por asistir para promover su imagen en este año electoral, a pesar de nunca haber sido participes de manifestaciones de esta posición-. Fue el día en que la consciencia de un pueblo despertó. En 2014 fueron asesinadas 277 mujeres*. En solo 7 años, se registraron 1808 femicidios*. Fue un día en el cual se puso un límite. Un día para decir basta, para terminar con la violencia hacia la mujer. Cada 32 horas muere una mujer como consecuencia de la violencia de género. Hay un nuevo oleaje que desprecia el patriarcado con el cual crecieron viejas generaciones, mirando como el Mano Santa de Olmedo toqueteaba a las mujeres o Guillermo Francella se ponía en la piel de un doctor que quería tener relaciones sexuales con Julieta Prandi, una joven menor de edad. Hoy, como Marcelo Tinelli, en su programa “Showmatch”, pone a la mujer como un objeto y desnaturaliza el machismo. El mismo que aparece desde un colectivo acosando a una mujer o como un padre juzga a su hija por medir el largo de su pollera. Una violencia e ignorancia que predominaba también en los medios de comunicación, desde el caso del aberrante título de Clarín sobre Melina, “la fanática de los boliches que abandonó el colegio” o como el diario Crítica, de Jorge Lanata, prohibía tocar el tema de violencia de género y censuraba cualquier nota relacionada a abusos sexuales, según contó la periodista Luciana Peker, ex empleada del periódico. Un día para empezar a detener cualquier tipo de violencia: verbal, física y psicológica.

“3 de cada 10 denunciados registran antecedentes de violencia en relaciones previas”. ¿Por qué es indignante contar este dato? Porque desde el 2009 está en vigencia la Ley de Protección integral, para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer. A seis años de su sanción, sigue sin contar con el presupuesto y la infraestructura necesaria para garantizar una respuesta rápida, precisa e inmediata para las víctimas, para su protección. “4 de cada 10 mujeres víctimas de violencia de género debieron hacer la denuncia varias veces”. Lamentablemente, no se cuenta con un personal capacitado para efectuar la denuncia correspondiente en las comisarías. Son estas las aguas peligrosas y traicioneras que deben navegar las mujeres víctimas de la violencia machista, en un desamparo total tanto en lo jurídico, en lo moral y hasta en lo económico.

Miles, miles de personas, de diversa clase social y hasta política se unificaron bajo un mismo lema, un techo al que ninguno puede escapar: ni una menos. Desde Macarena, una madre de 30 años con sus dos chicos que vinieron de Morón, Elvira, una anciana de 68 años de Caballito y hasta Laura y María, dos estudiantes de Letras de la UBA. Un microcentro descontrolado en el caos ordenado de un pueblo que se cansó de que lo pisoteen y se rían de él una y otra vez, haciendo oídos sordos a un grito que tardó demasiado en explotar. Una plaza colmada por fotos de niñas en blanco y negro, cientos de corpiños de cartulina sobre el piso la acera de la plaza y miles de palmas rojas como la sangre con nombres femeninos. No fue una marcha feminista. Fue una marcha por la igualdad entre seres humanos, porque, más allá de un género, todos somos iguales: humanos. Una marcha para que se termine con el abuso de poder de una persona sobre otra, sea mujer, hombre o jefe-empleado. Una lucha de capuchas rosas y madres cansadas, hartas de la indiferencia reflejada por el estado, bajo una justicia que las arrincona contra la pared por su inacción. Una marcha en la que nadie le dijo a nadie como debería pensar o a quién debía seguir: una manifestación autoconvocante donde se encontraron esas mujeres que caminaban un camino largo, frío y oscuro del anonimato y las agrupaciones que día a día pelean por ellas.

A las 18.30, con el acto oficial ya finalizado en la Plaza de los Dos Congresos, el aire por pedir justicia todavía seguía en el aire. Decenas de personas llegaban cuando otras ya emprendían su retirada a casa. El rumbo cambió y el acto de amor y protesta continuó hacia Tribunales. Allí, agrupaciones políticas, de organizaciones no gubernamentales y de derechos humanos se reunieron para gritar una vez más. Pasadas las 19, la calle Corrientes padecía el tránsito de personas con carteles, dibujos y pancartas. Ni Boca, River o Racing habían salido campeones. La selección Argentina no había derrotado a Alemania. No. Eran miles de mujeres que secaron las lágrimas de sus ojos y que se dieron cuenta que no estaban solas. Que tomaron la decisión de tirar el offisde, para dejar fuera de juego a todo violento desde este 3 de junio. A cualquiera que quiera extralimitarse con ellas.

*Datos calificados según un Informe de la Defensoría General de la Nación.

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