La modernidad revoluciona el mundo y golpea las puertas del fútbol desde hace tiempo, pero la FIFA se mantiene reticente y se niega a abrirlas de par en par.

Si a la tecnología

Lucas Ramírez Torres @Luucas_RT

28 DE MARZO DE 2018

Corría el minuto 21 del primer tiempo, Perú y Colombia se enfrascaban en una encarnizada lucha por llegar a la semifinal de la Copa América Centenario y ambos demostraban que no habían dejado ningún detalle librado al azar con respecto a la preparación del partido ya que sendos conjuntos se mostraban muy concentrados en la marca y en lo táctico.

Recupera Jeison Murillo en mitad de cancha, enseguida ve libre a Edwin Cardona y no duda. El pase llega a destino. Este último no tarda en habilitar a James Rodríguez, quien ni lerdo ni perezoso consigue con gran velocidad y ductilidad dejar en el camino al rival que lo seguía y ejecuta un disparo de comba desde la zona de la medialuna que se estrella en el palo. El peligro se diluye, pero el astro del Real Madrid no sale de su asombro y necesita respuestas. Voltea y advierte que la pantalla del estadio reproduce su jugada. No tarda en salir de su boca el viejo y ponderado "Uhhh" de todo fanático del fútbol, y sonríe.

Transcurrían 29 minutos de la segunda etapa y todo parecía indicar que Perú y Brasil iban a empatar 0 a 0. El Scratch clasificaría a cuartos de final de la Copa América 2016, y el país incaico se volvería a casa pagando caro haberle ganado por apenas un gol al débil seleccionado haitiano.

El balón se disputaba en tres cuartos de cancha, y los zagueros brasileños veían perplejos y temerosos como una gran triangulación de jugadores peruanos surtía efecto y dejaba solo al delantero Andy Polo para que pudiese desbordar y lanzar un centro venenoso. Nadie pudo evitar que esto ocurra, pero quizás ver la pelota irse cada vez más hacia el punto del penal y apreciar que al factible rematador, Raúl Ruidíaz, le faltaba poco para meterse dentro del arco y quedar fuera de la acción, tranquilizaba sus corazones.

El atacante se dió cuenta que no iba a poder convertir ni con los pies, ni con la cabeza, ni con ninguna parte del cuerpo con la que reglamentariamente pueda hacerlo. Así que impúnemente introdujo el balón en la portería con una mano alevosa que perdurará en la historia. El arquero Alisson y el defensor Miranda salieron desesperados a reclamarle al árbitro que parase con esa farsa y cobrara lo que correspondía. Andrés Cunha y sus colaboradores no estaban en condiciones de marcar una mano que no sabían a ciencia cierta si había existido. Por ende, demoraron lo más posible para que alguien externo al juego viera las imágenes y pudiera aclarar la situación. Desafortunadamente para ellos la repetición no fue pasada hasta que el colegiado tomase una determinación. Convalidó la anotación y la Verdeamarelha quedó eliminada de la competencia.

Estos parecen hechos aislados pero comparten denominadores comunes: Ocurrieron en el presente certamen continental y ambos denotan que, en una acción dudosa como en una que no lo es, los protagonistas inconscientemente acuden y necesitan la tecnología. Es que el mundo moderno provee comodidades que pueden servir tanto para una simple repetición, como para la convalidación de un gol. Y carece de sentido permitir de manera parcial su uso con la excusa de "no afectar al folklore". Ya es hora de aggiornarse por completo a los tiempos que corren.

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