Colombia clasificó a la semifinales de la Copa América pero tuvo un rendimiento por debajo al que había mostrando en la fase de grupos. Más allá del flojo nivel colectivo, el capitán colombiano mantuvo su buen juego y fue el que más se lució. 

James no se achicó

Santiago Iglesias Torres

28 DE MARZO DE 2018

En el primer tiempo la revelación fue notoria. Mientras la mayoría de los jugadores de ambos equipos se encontraban más preocupados por el marcaje rival que por la creación propia, una era la carta que buscaba la asociación colectiva y la gambeta por sobre la patada y la fricción del juego: James Rodríguez.

Ante la falta de lucidez que tuvo Colombia en comparación a sus actuaciones anteriores, el jugador del Real Madrid fue quien se adjudicó el mando del equipo. Con Carlos Bacca y Edwin Cardona en un nivel muy inferior del que habían exhibido en esta Copa, la mayor parte de los ataques del conjunto cafetero pasaron por los pies del enganche. La jugada más clara del encuentro para el conjunto colombiano fue toda suya: tras recorrer varios metros con la posesión de la pelota, su disparo con la pierna derecha se estrelló en el palo.

El segundo tiempo empezó como una versión exagerada del primero, por lo que James fue una de las pocas luces entre el bajo rendimiento colombiano. En los últimos minutos Carlos Sánchez se encendió, y el ingreso de Dayro Moreno ayudó para la mejoría ofensiva, por lo que el solitario mediapunta encontró socios que lo acompañaron en las aproximaciones al arco contrario. Sin embargo, el poco tiempo en el que se produjeron estas triangulaciones no bastó para quebrar el cero del marcador, y el partido tuvo que definirse en los penales. En otra muestra de valentía, James fue el primero en agarrar la pelota para patear el penal con el que comenzó la serie. Lo convertió, y encaminó a su equipo al triunfo.

Aunque parezcan dos personas diferentes, es la misma. El colombiano, que cuando se pone la camiseta del Real Madrid se esconde por detrás de Cristiano Ronaldo y Gareth Bale, toma el protagonismo del partido cada vez que juega para su selección. Las críticas negativas que recibe semana tras semana por parte de la prensa española se transforman en elogios del pueblo cafetero cuando compite luciendo los colores de su nación.

El cambio no es evidente únicamente en lo que al juego respecta; también se hace visible en su personalidad. José Pékerman le entregó la cinta de capitán que dejó vacante Mario Yepes y James demostró su liderazgo dentro de la cancha. No sólo en las arengas hacia sus compañeros y los reclamos al árbitro se puede observar su condición de conductor: en cada parate del juego, la cámara lo enfoca debatiendo con el DT, para luego llevarle las indicaciones a sus colegas.

Por más que la figura contra Perú termine siendo David Ospina por sus relevantes intervenciones en los 90 minutos y en los penales, James Rodríguez pareció ser el único jugador que no perdió su esencia. “Aquí juego hasta rengo”, declaró 10 días atrás después de la victoria frente a Paraguay, y hoy esas palabras se transformaron en imágenes en el momento en que, con la clasificación asegurada, se largó en un llanto que expresó lo feliz que lo hace representar a su país.

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Lo que dijo después del partido

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