El cadete Silio Vilte empezó boxeo por un deseo de ayudar a su familia. En una charla con El Equipo habla de sus miedos en las primeras peleas y sobre la importancia de la contención familiar y de su entrenador.

 

Subirse al ring con 14 años

Juan Pablo Solari

28 DE MARZO DE 2018

Silio Vilte es boxeador, tiene 14 años, y comenzó en el deporte por una necesidad de ayudar a su familia. El cadete expresa: "Mi familia la sufrió desde que vino de Salta, yo no soy salteño, pero sí mis padres, así que me siento como uno de ellos". Silio empezó desde los 8 años a entrenar, y competitivamente desde los 13, desde muy chico que le gusta el boxeo. Es la primera generación en su familia que se pone los guantes.

Cuando recuerda sus primeras peleas, confiesa: "Tuve miedo una vez antes de combatir, fue en mi segunda pelea. Me daba mucho miedo porque yo veía que era muy flaquito, era un palo, tenía 13 y el otro 14, ya iba por su cuarta exhibición y estaba re groso, re trabado. Cuando sonó la campana, el chico entró seguro de que me iba a ganar, me enganchó tres o cuatro golpes que realmente los sentí. Sinceramente no quería seguir peleando, me acerque hasta mi esquina y les dije que el otro era más grande, que ya no aguantaba, pero ellos me motivaron y seguí por mi familia y por los que me fueron a ver hasta el final. Es muy importante en el boxeo la esquina. Nos terminaron levantando las manos a los dos en el final, porque en las exhibiciones de cadetes no hay ganadores".

Llega el momento de la pelea, el público espera en las gradas con paciencia, el cuadrilátero está en el medio de una cancha de futsal del Club Flores de la calle Quirno. Apartados de los espectadores aparecen sus padres, están sentados en sillas blancas, cerca de su hijo y elevando sus celulares para fotografiarlo.

Silio, luego de un breve calentamiento, entra al ring vestido de rojo y con el cabezal reglamentario puesto. La pelea pactada es a dos rounds de cinco minutos. Silio ya no es aquel palo que recuerda, sin embargo los brazos marcados de su rival ponen nervioso a todos en el gimnasio, a todos menos a él. Vilte arranca con todo, el impacto de sus guantes con el cabezal del rival retumba en el lugar. En los primeros minutos lanza casi tantas combinaciones como la de un profesional, el otro peleador se tiene que tomar unos minutos para reincorporarse después de un gancho de derecha que le propinan en su estómago. Esta vez poco le importa que su contrincante tenga 16 años. El árbitro separa a los peleadores y reanuda el encuentro después de unos pocos segundos. Jab arriba, jab abajo, jab arriba y recto de izquierda, se lo nota muy cómodo en el combate a Silio que finaliza el round con una pequeña sonrisa.

En el inicio del segundo round, Silio regula un poco, y más de un espectador sensible a los golpes seguramente lo agradece. Su adversario entra un poco más en pelea y logra arrinconarlo. “Dale Silio vamos”, grita su madre Norma. El boxeador de rojo logra moverse más en el ring y vuelve a dominar el combate. Se acomoda un poco los pantalones, se agacha y recto de izquierda, cross de derecha, jab y uppercut trasero, pasan otros pocos segundos y la pelea termina. El réferi le levanta la mano a ambos competidores y la concurrencia aplaude. Sin perder tiempo, Silio demuestra que el boxeo es un gran deporte de valores y tarda menos de 5 segundos en ir a saludar a su oponente y a los de la esquina contraria.

El boxeador zurdo representa al gimnasio Evandergim de la avenida Rivadavia y posteriormente a la pelea dice: "Mis entrenadores son muy buenos me ayudan mucho en lo que quiero ser y en lo que quiero lograr, además me dan una cierta contención por fuera del deporte. Soy una persona bastante tranquila, si en la calle surge algún problema trato de evitarlo, no me agrando porque hago boxeo, quiero dar un buen ejemplo, soy un buen pibe y eso es gracias a mis entrenadores y a mi familia".

Rafael Vilte, su padre dice: “Lo acompañamos siempre, venimos a ver la evolución que mi hijo fue teniendo desde los 12 años, cada pelea es una experiencia más”. Además, Rafael habla sobre lo que se siente ver pelear a su hijo: “Principalmente sentía miedo, cada golpe que le daban a él me dolía a mí también, muchas veces me ponía muy nervioso antes de una pelea, eso con el tiempo se me fue yendo. A la vez siento orgullo de que practique un deporte con tanto entusiasmo”.

Norma, su madre, habla sobre la primera vez en la que vio a su hijo subirse a un ring: “No está bueno ver pelear a tu hijo, recuerdo que tuve miedo y me puse a llorar, se sufre, se sufre bastante. Mi sueño era que fuese futbolista, pero no se dio. Ahora estamos apoyándolo en su camino siempre y cuando no me deje los estudios, eso está claro”. Además, se refirió al comentario que hizo su hijo sobre boxear por una necesidad: “La verdad es un orgullo muy grande, porque si bien no le hacemos faltar nada, él siempre tiene esa necesidad de ayudarnos. Que tenga 14 años y piense de esa forma me da mucha emoción, es como si el boxeo me lo hubiera hecho madurar de golpe, ya no es él bebe que era hace dos años. Es algo que no se puede explicar”.

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