Detrás del personaje y de los vínculos políticos está la historia de un boxeador que fue echado de la escuela, de su casa, que tuvo que dejar todo por la paternidad, y que recién de grande tuvo la oportunidad de pelear como profesional. Este sábado peleará en Tandil ante Miguel Morales.

No es sólo una cara tatuada

J. Vargas Alfonso y J. Garzón Herrera

28 DE MARZO DE 2018

En un país donde el deporte es el oxígeno del día, donde el café no es igual si no se acompaña con charlas deportivas, en un país como Argentina, donde las figuras y los ídolos nacen como flores, nació Gonzalo el Patón Basile para convertirse en ícono del boxeo y ser el ejemplo de perseverancia y de disciplina.

El 30 de marzo de 1974 en Lanús, Buenos Aires, apareció un futuro campeón, quién a pesar de los intentos de su padre por involucrarlo en el fútbol, no se alejó del deporte de los puños y forjó un temperamento especial, impactante, y a veces polémico. Era el Patón, quien se crió en una familia rica en valores y en principios, un hogar donde sus padres, Silvia Vicario y Carlos Basile, le inculcaron el respeto por las personas, la disciplina como emblema y el esfuerzo para salir adelante.

"Nací en una familia de clase media humilde, somos cinco hermanos y siempre nos criaron con los mejores valores y buenos consejos para la vida", señaló Basile. A sus 14 años dio sus primeros pasos en el cuadrilátero, mejor dicho, en el comedor de su primer entrenador, como él mismo afirmó: "Empecé a practicar con Edmundo Pacheco en el comedor de su casa, fue él quien me enseñó los principales tips del boxeo, se dio cuenta de que me gustaba por las ganas que le metía y me llevó al Club Independencia, de Lomas de Zamora".

Empezó en el amateurismo, pero su primera pelea fue en el colegio, cuando en el primer año de secundaria fue expulsado por su actitud díscola. Ante esta situación su padre le manifestó: "Te dimos lo que más pudimos con tu madre y no lo supiste aprovechar, te vas de la casa y hasta que no consigas un trabajo no vuelves". Sin duda, fue el primer derechazo que recibió en la cara, pero con firmeza, asumió su error y trabajó; cortó el pasto de las casas de sus vecinos, fue ayudante en una verdulería, de carpintero, lavó carros, y volvió a su casa con la lección aprendida.

En el ring comenzó a dejar su marca, a mostrar su talento a través de sus golpes fuertes y contundentes y aunque en principio era un pasatiempo, día tras día fue formando esa personalidad inexpugnable que lo caracterizó e impactó en el mundo del boxeo. Así continuó entrenándose y moldeando su estilo, que complementó con algo muy peculiar: los tatuajes.

Ese chico grande de puños de acero, a los 17 años tuvo a Yanina, su primera hija. Comenzó a trabajar como recolector de basura para mejorar su situación económica y con las fuerzas que le quedaban iba por la noche al Club Independencia a entrenarse. Su sacrificio dio frutos dos años después, en 1994, al ser convocado por la selección argentina de boxeo para participar en los Juegos Sudamericanos en Venezuela. Mientras competía en los Juegos Sudamericanos nacieron sus gemelos y llegó el jab certero que lo mandó a la lona de serrín; Basile era muy chico, no tenía nada y al llegar a Argentina, vivió con su novia y sus tres hijos en una de las caballerizas que tenía su padre. Es en ese momento priorizó a su familia y dejó el boxeo.

La vida le dio con fuerza y sin piedad. Este alejamiento del deporte lo desorientó y se perdió en algunos vicios como el licor y el cigarrillo. Pero antes de que el conteo llegara a diez y finalizara la pelea, el guerrero resurgió, se levantó, se amarró los guantes, volvió a la lucha y se puso en guardia para hacerle frente a la vida. En su regreso al boxeo continuó bajo la dirección técnica de Oscar Trotta, quien lo llevó a entrenar al Club Huracán, en Parque Patricio s, y con quien inició su etapa profesional. "En mi debut como profesional, a mis 29 años, perdí ante Mauro Ordiales por nocaut, en el segundo round. Fue una noche para el olvido, pero después de haber conocido lo que era estar en la lona decidí seguir con más ganas", expresó Basile.

A pesar de la derrota, el gladiador de Parque Patricios recibió el apoyo y el patrocinio de Hugo Moyano, quien hasta hoy, según lo afirma, es "la persona por la que puede vivir del boxeo". A partir de ese momento, y con el orgullo de representar al Sindicato Argentino de Choferes de Camioneros, llegaron sus grandes triunfos y consiguió ser el campeón del Mundo Hispano; campeón del Latino de la Organización Mundial de Boxeo (OMB); campeón del FedeLatin del Consejo Mundial de Boxeo (CMB); y campeón del Latino de la Federación Internacional de Boxeo (FIB). El Patón Basile, con sus 1,98 metros de altura, muestra al mundo que su grandeza como persona va ligada a un inmenso corazón, que sin duda es proporcional a su estatura, sus acciones y su ser. Además, que sus tatuajes son una simple marca que protege su egregio ser y su flamante alma de boxeador.

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