El equipo argentino de básquet femenino consiguió un segundo puesto histórico en la Americup y además del pasaje al Mundial 2018, logró una conexión única con el público local en el mítico Obras. El entrenador y las jugadoras analizan el fenómeno en El Equipo.

El salto de las Gigantes

Agustín Aboy @julen_1986 y Magdalena Maccione @maggiemaccione

28 DE MARZO DE 2018

La FIBA Americup que se disputó la semana pasada en el estadio de Obras era una oportunidad histórica para el básquetbol femenino argentino, con el máximo torneo a nivel panamericano jugándose en casa. Las Gigantes, como se denomina al seleccionado nacional, llegaban en el momento ideal para buscar la clasificación al Mundial de España 2018, el objetivo principal. ¿La meta para cumplirlo? Ser al menos terceras en un torneo, a priori, muy parejo que tenía a Canadá, último campeón, como candidato principal.

Argentina empezó con alto nivel: triunfos por 80-48 sobre Islas Vírgenes, por 79-59 sobre Venezuela y por 70-47 a Colombia, con la defensa como baluarte principal, la ya clásica magia desfachatada de Melisa Gretter (elegida en el quinteto ideal del torneo) desde la base y los tantos de referentes como Macarena Rosset, Débora González y Andrea Boquete. En el medio, un fuerte mazazo: la rotura de ligamento cruzado anterior que sufrió la pivot Sofía Aispurúa en la rodilla izquierda ante Venezuela. Fue duro en lo anímico y en lo deportivo, siendo Aispurúa la segunda más alta del plantel con su metro noventa y de gran aporte con sus triples en los primeros juegos.

Así, Argentina salió a ganarle a Brasil para asegurar el primer puesto del grupo, y pasó por encima a la canarinha: triunfo por 68-49, con una ventaja máxima de 28 puntos en un momento del match. Para tomar dimensión, fue apenas el quinto triunfo en la historia sobre Brasil. En ese clásico se terminó de confirmar el romance de las jugadoras con el público: el recinto estaba casi al 100%, algo que no ocurre ni en los partidos de la Liga Nacional masculina.

Tras una jornada de descanso, el sábado 12 llegó el “Día D”: semifinal ante Puerto Rico en un duelo en el que; el ganador se aseguraba un lugar en España 2018. El partido tuvo ambiente de lo que era en verdad, una final, con el estadio nuevamente cerca de llenarse, aliento que no paraba de bajar de las tribunas, un juego muy trabado y sufrimiento, hasta que los tiros libres de Pepo González en el cierre aseguraron el triunfo de Argentina por 48-44. Se apreció un show defensivo de Argentina, que en ataque tuvo como salvavidas un partido tremendo de Agostina Burani (26 puntos, 12 rebotes y 3 tapas).

En la final el equipo argentino tuvo una gran performance. Fue adelante en el marcador durante gran parte del cotejo, aunque pasó a estar detrás por 50-62 en el tercer cuarto, para remontarlocon una genial Gretter (23 puntos) y ponerse arriba del súper profesionalismo de Canadá por un punto cerca del final. A falta de minuto 30 se vivió otro momento de escalofríos con la rotura de ligamentos sufrida por Débora González y, entre lágrimas, salieron las Gigantes a jugar el cierre por la medalladorada. El tiro del final no entró en dos oportunidades y fue derrota por apenas un punto ante la máquina de Norteamérica, que fue campeón invicto y que tuvo a Nirra Fields, la MVP del torneo.

A pesar de habérseles escapado la chance histórica de ganar un torneo por segunda vez en la historia del básquet femenil argentino (el Sudamericano de 1948 es el único oro en mayores), para las Gigantes todo fue éxito en la Americup. Mucho público, buen juego y el pasaje mundialista obtenido a pesar de las lesiones serias que no les permitieron terminar de disfrutar del todo.

¿Dónde estuvo la clave para tan buen rendimiento dentro de la cancha? Cristian Santander, entrenador del equipo, cuenta que fue muy importante haber jugado en casa, en un entorno familiar y de amigos, además de la maduración plena de la camada que fue medallista de bronce en el Mundial Sub 19 2009 (González, Burani, Boquete, Natacha Pérez, Ornella Santana y Macarena Durso formaron parte de ese plantel y de éste), a la que se sumó Gretter e incluso chicas sub 23 como Aispurúa, Mara Marchizotti o Victoria Llorente (ausente en la Americup por lesión).

El Mellizo Santander también aclaró que no hay que relajarse nada en este proceso, porque costó mucho construirlo y costaría nada derrumbarlo. “Ahora el equipo tendrá el tiempo necesario para recuperarse, pero el 1 de octubre retomamos para prepararnos de cara al Mundial”, detalló el director técnico.

A la hora de pensar más allá del Mundial, Santander cree que sería un buen objetivo para Argentina establecerse en el top 3 de América, pero justamente América está cada vez más difícil. “Hay cinco equipos del continente entre los 15 mejores del mundo”, explica el entrenador, haciendo referencia a Estados Unidos, Canadá, Brasil, Cuba y Argentina. “Pero también hay otros que mostraron con triunfos que están emergiendo, como Islas Vírgenes, Paraguay o Puerto Rico, por lo que esa paridad te obliga a trabajar permanentemente. Hay que aprovechar la tranquilidad que da un buen resultado y no desesperarse cuando en algún torneo no se alcance el objetivo”, opina el entrenador.

También la juninense Macarena Rosset, jugadora de exportación con experiencia europea, le da a El Equipo su visión desde dentro del plantel. Según ella, el público fue importante e increíble, de hecho la jugadora cuenta: “Nunca pensé en jugar una final con el estadio repleto y gente sin poder entrar”. Pero el logro no fue exclusivo de eso sino también por una gran química grupal que comenzó a formarse en el Preolímpico de Edmonton 2015 con la victoria sobre Brasil y que se asentó durante la preparación para este torneo, en la que estaban “como nunca”.

“En este torneo recuperamos la mística argentina, eso que es característico de nuestros equipos deportivos, la garra”, expone Rosset, quien agrega: “Así nos puede pasar como en la semifinal que la pelota le entró solamente a Burani y las demás estábamos erráticas, pero dejamos a las rivales en 44 puntos y ganamos. Además, al no tener talla como las grandes potencias, quedamos en desventaja y hay que rebuscárselas como se pueda”.

Ahondando en el idilio vivido con el público, la nueva jugadora del Sedis Básquet español expresa que cree que “la mini revolución en realidad empezó un poco con la primera edición de la Liga Nacional Femenina, que tuvo una final con mucho público y la TV”.

“Los que amamos el básquet femenino estamos contentos de que se difunda más”, manifiesta Rosset, antes de cerrar: “No somos como el masculino, hay ciertas cosas que no podemos brindar a nivel espectáculo como las volcadas, pero demostramos que también podemos jugar bien al básquet, además de la garra que metemos. No creo que se llegue a la profesionalización del masculino pero por lo menos está bueno que aumente la difusión. Estamos agradecidas a la gente y a la posibilidad de haber mostrado lo que podemos hacer y las sensaciones que pudimos generar”.

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