La FIBA AmeriCup será el primer torneo grande que el seleccionado de básquet dispute únicamente con Luis Scola como sobreviviente del grupo más exitoso de la historia argentina. Al respecto, su representante Carlos Raffaelli, con más de 40 años de experiencia en el deporte, analiza el panorama del equipo nacional.

Vivir después de la Generación Dorada

Nicolás Trapani y Martín Cascardo (@MartinCascardo1)

28 DE MARZO DE 2018

Si bien reconoce que lo hecho por el equipo nacional que obtuvo el oro olímpico en Atenas 2004 y el bronce en Beijing ’08 fue “sensacional e inmejorable”, Carlos Raffaelli –ex basquetbolista y actual representante de Luis Scola, el único referente de esa generación que aún continúa– se muestra optimista respecto del recambio que continúa experimentando el seleccionado argentino.

La decisión de Emanuel Ginobili y Andrés Nocioni de retirarse del seleccionado luego de Río 2016 marcó el final del grupo más glorioso del básquet argentino. Al ser consultado por la posibilidad de que se reiteren logros similares a los de la Generación Dorada, Raffaelli, que defendió la camiseta del seleccionado durante 12 años anticipa que “lo conseguido entre 1998 y 2016 será muy difícil de repetir por las siguientes generaciones”.

Sin embargo, el ex basquetbolista nacido en Santa Fe pocos meses antes de que el gobierno de Juan Domingo Perón sea derrocado por la autoproclamada Revolución Libertadora en 1955, ya vivió en primera persona el relanzamiento del deporte.

En 1950, el primer mundial de básquet de la historia tuvo lugar en Buenos Aires y el equipo argentino, que contaba con una camada de jugadores destacados como Ricardo González y Oscar Furlong, se consagró campeón invicto. Como premio, el gobierno le posibilitó al plantel importar un automóvil sin abonar impuestos. Por tal motivo, una vez destituido Perón, los integrantes fueron vetados por considerarlos peronistas bajo el argumento encubierto de que no podían ser remunerados en un deporte que era amateur.

Durante los años posteriores, la proscripción de estas figuras hizo que el básquet argentino no alcanzara el esplendor de la época anterior, lo que quedó evidenciado en los 28 años en que Argentina no clasificó a los Juegos Olímpicos, desde Helsinki 1952 hasta Moscú 1980.

Justamente en ese equipo que rompió con esa racha adversa en el Torneo de las Américas de 1980, se destacaba como figura principal el base santafesino Chocolate Raffaelli, quien a fuerza de 36 puntos –cuando aún no existían los triples– en la victoria decisiva frente a Brasil y otros tantos en el último partido frente a Cuba, logró darle la tan ansiada clasificación a los Juegos Olímpicos.

A pesar de esto, nuevamente las políticas gubernamentales intercedieron en el desarrollo del deporte: la dictadura cívico-militar argentina de la época se sumó al boicot dirigido por Estados Unidos y no presentó delegación en Moscú ’80. Al respecto, Raffaelli se lamenta: "Fue un golpe de knock out porque en aquella época el nivel de los equipos de América era muy parejo y nos había costado mucho llegar”, y agrega: “Sabíamos que para los otros Juegos iba a ser muy difícil clasificar porque para esa edición estábamos en la edad justa por experiencia y equilibrio físico y mental. Después de eso, cuatro años más es una vida”.

Finalmente, ese factor, tal como lo remarca Raffaelli, influyó en el seleccionado argentino, ya que no volvió a clasificar a los Juegos hasta Atlanta 1996. Sin embargo, después de ese nuevo declive, el básquet argentino logró relanzarse nuevamente y esta vez con una fuerza inusitada. “Se empezaron a ver los resultados de la creación de la Liga Nacional (1985). Se formaron muy buenos jóvenes que se hicieron fuertes en el continente y así lograron ser olímpicos. A partir de eso, también emigraron a Europa, lo que les daba más nivel de competencia y jerarquía para la Selección Nacional”, argumenta.

Además de Scola, Raffaelli también fue agente de Pablo Prigioni, Walter Herrmann y Andrés Nocioni, quienes cumplieron este proceso de aprendizaje en la Liga Nacional para luego continuar su carrera en España, donde captaron la atención de las franquicias de NBA. En este sentido, el actual representante que lleva más de 40 años ligado al básquet se aventura a afirmar que “el desarrollo estructural de la Liga Nacional” y “la apertura de la liga estadounidense hacia todo el mundo” pueden posibilitar una nueva era de traspasos y acercamientos directos entre ambas competiciones.

Planteados estos avances, Carlos Raffaelli retoma el tema principal y concluye: “De la misma manera que hace muchos años cuando estábamos en la selección ni siquiera soñábamos con que se podía lograr una Generación Dorada, podemos pensar también que en un futuro se vuelvan a repetir y superar esas hazañas, material siempre hay”.

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