Andrew Feeley, Novar Gadson y Chaz Crawford son basquetbolistas estadounidenses, pero nunca llegaron a la NBA. Hoy, le cuentan a El Equipo cómo es jugar en la Liga Nacional.

Cuando el sueño está a nueve mil kilómetros

Daniela Simón

28 DE MARZO DE 2018

"Es básquet, debe ser el mismo en todo el mundo".

Nacieron en el mismo país que se llenó (y que se llena) los ojos con el Dream Team, el todopoderoso Estados Unidos. Pero los deseos por convertirse en profesionales de la pelota naranja los hizo abandonar la tierra de la NBA para jugar en otro país: Francia, Ecuador, Lituania, Argentina, el que sea.

Ferro termina su entrenamiento a las 19.30, pero Andrew Feelay se queda probando tiros desde la línea de tres puntos. Pelota en mano, gira, tira y anota. Se acerca a la tribuna, toma agua y pregunta: "¿En inglés o en español?". Será en español, pero inevitablemente dirá basketball y so (entonces), unas cuantas veces.

Andrew nació en Nueva Jersey, y tras haber jugado cuatro años en la Universidad de Laverdale en Meridian, emigró a México. "Quería ser un jugador profesional y lo logré", manifiesta. Este año llegó a Ferro, pero es un viejo conocido de la Liga Nacional. En la temporada 2011/2012 jugó en Gimnasia de Comodoro y en 2016, en Peñarol, en donde fue dirigido por Sergio Hernández, actual entrenador de la selección argentina. "En ese momento cumplía 10 años en el básquet, y aún así, con él seguía aprendiendo en todas las prácticas", dice.

Si bien el pivote de 2,06 metros también vivió en Francia, Japón y Venezuela, hay días en los que lo inunda una profunda melancolía. "Es difícil porque estoy solo acá -explica- por suerte tengo al equipo y a Ramón Clemente, que también es estadounidense, y alivianan los momentos de tristeza".

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A poco más de 260 kilómetros del estadio Héctor Etchart está el club Argentino de Junín, que en esta temporada recibió a Novar Gadson. Su historia es un tanto particular: nacido en Filadelfia confiesa que empezó a tener contacto con el básquet en la secundaria, cuando tenía 17 años. "Del Dream Team de los Juegos Olímpicos de Barcelona, por ejemplo, no me acuerdo nada -comenta- no tengo recuerdos porque el básquet no me importaba en ese momento". Es bastante serio, de una voz grave y parece pensar cada palabra que dice.

-¿Cómo fue, siendo estadounidense, tener que emigrar para jugar?

-Jugué en Rider en la Liga Universitaria, pero nunca fui elegido en el Draft, de todos modos era algo que me esperaba porque había cambiado de posición y no había dado lo mejor de mí. Quería llegar a una liga en la que ganase dinero y torneos con el equipo, y si para poder lograr eso, me tenía que ir de Estados Unidos, pues bueno lo iba a hacer.

Novar tiene 27 años y cuenta las dificultades que conlleva haberse convertido al nomadismo: conocer nuevas culturas, personas y comidas. Es que Novar debió hablar, o por lo menos entender, algo de árabe y lituano, estuvo inmerso en la cultura surcoreana y conoció la gastronomía húngara. Con dos propósitos entre ceja y ceja, y acepta ambas partes: el ganar y la soledad.

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Más temprano, al entrenamiento de ese domingo había llegado Chaz Crawford en su bicicleta. Como estadounidense nato incursionó en los dos deportes más populares de su país. "Empecé a jugar al básquet a los 9 años con mis vecinos en mi barrio de Filadefia, en un momento practiqué fútbol americano, pero lo dejé y seguí con el básquet", afirma. Y traza un paralelismo entre cómo se vive el deporte en Argentina y cómo se vive en Estados Unidos: “Es parecido, allá le dan mayor trascendencia al fútbol americano y después al básquet”.

-Estuviste muy cerca de llegar a la NBA, ¿qué sentiste en ese momento?

-Estaba jugando en Dexler University y en el Draft de la D-League fui elegido por Springfield Armor, que en ese momento estaba afiliado a New York Knicks, fue un honor para mí, pero una lesión en la tibia me impidió jugar. Cuando me recuperé, mi oportunidad ya había pasado y me dije: "Ok, Chaz, es básquet. Debe ser el mismo alrededor del mundo". Claro que mi sueño era jugar en la NBA, pero no me importó, continué y aprendí de eso.

-¿Por qué elegiste la Liga Nacional?

-Porque aquí pagan (risas). Además, es una liga muy competitiva, tiene muy buenos equipos y jugadores. Estuve en Quimsa en la temporada 2014/2015 y sigo aprendiendo del básquet argentino.

La melodía del pique de las pelotas, música para sus oídos, empieza a crecer en el Fortín de Las Morochas, que junto a la chicharra del tablero indican que el entrenamiento está por empezar.

Chaz tenía razón, el básquet es el mismo acá, allá, en España, en Líbano y en Tailandia. Pero Andrew, marca una diferencia entre cómo se vive: "En Argentina, las hinchadas siempre están presentes, vayas perdiendo o ganando, se siente el apoyo de la gente".

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