Personalidad única y ganador como pocos, el Flaco de Ramallo obtuvo a lo largo de sus 34 años de carrera 16 títulos y es considerado como un grande del automovilismo argentino. Asímismo, fue uno de los más polémicos por su particular forma de ser a la hora de declarar ante la prensa. Un corredor único. Amado y odiado.

 

Traverso, el último ídolo

Toribio Tomé, Alejo Iwan y Gonzalo Bernath

28 DE MARZO DE 2018

Si sos bueno arriba del auto pero un gil abajo podes ganar uno, dos campeonatos a lo sumo. Pero nunca 16 como gané yo. En el fondo, el éxito es una suma de pequeñísimos detalles. Te falta uno, y chau”. Esta polémica frase no hace más que resumir la particular personalidad de Juan María Traverso, siete veces ganador del TC 2000 (récord al ganar 68 carreras en esta categoría), seis del TC y tres del Top Race. Amado por muchos y odiado por otros tantos, El Flaco, siempre se caracterizó por poseer un fuerte temperamento,

“Parezco soberbio pero no lo soy. Mis actitudes parecen arrogantes, pero yo digo lo que pienso, que es totalmente distinto. Siempre dije lo que creía” expresó en la revista El Gráfico en 2012. Este tipo de actitudes le generaron, a lo largo de su carrera, distintos cortocircuitos con otros corredores. Prueba de esto fue lo ocurrido en Río Cuarto el 23 de mayo del 2004, cuando Juan María Traverso se encontraba en la primera posición de una de las series de TC, hasta que fue embestido de atrás por el Ford del joven Gabriel Fernando Ponce de León. Luego de esta peligrosa maniobra, el seis veces campeón de la categoría le recriminó: “Antes de largar, me tiró a la mierda el pendejo hijo de puta ese. Estoy para cagarlo bien a trompadas”.

Nacido el 28 de diciembre de 1950 en Ramallo (Provincia de Buenos Aires) debutó en el TC en Pergamino con un Torino el 31 de octubre del 1971 y se retiró en Olavarría en el 2005. Ganó tres títulos con Ford (1977/78/1999) y otros tres con Chevrolet (1995/96/97). Además, logró 46 finales y 60 series, hizo 86 podios y 18 records de vuelta y estuvo próximo a participar en la Formula 1.

“Tuve en mis manos un contrato que me ofrecía Bernie Ecclestone (ex presidente y director ejecutivo de la clase más alta del automovilismo a nivel mundial), pero debí abortarlo por motivos ajenos al mundo de las carreras, ya que tuve que elegir entre quedarme en Europa o volver a la Argentina para arreglar problemas en las empresas familiares. Opté por esto último y no me arrepiento”, declaró Traverso en diálogo con Clarín, hace más de diez años.

Fue tal la grandeza que cosecho a lo largo de su extensa y victoriosa trayectoria que hasta se permitió pasarse de Chevrolet a Ford, escuderías que históricamente estuvieron enfrentadas. Al ser consultado por este tema, Traverso afirmó: “En todo el mundo hay hinchas de una bandera, de una marca o de lo que sea. Ford-Chevrolet, en Estados Unidos, es terrible. ¿Qué diferencia hay entre un club equipo de fútbol o auto? En el fútbol los jugadores se venden como vacas. También se venden corredores”.

Una muestra de la magnitud e importancia que tuvo el único piloto que ganó títulos en cuatro décadas distintas, es que la Asociación Corredores Turismo Carretera (ACTC) lo fue a buscar para que vuelva a competir ya que necesitaba una figura de relevancia luego de las muertes en carrera de Roberto Mouras y Osvaldo Morresi, y ganó los campeonatos de 1995, 1996 y 1997.

Considerado como uno de los corredores más ganadores y exitosos de la historia del automovilismo argentino, Traverso no duda de su idolatría y declaró “Yo soy el último ídolo. Y ojo que eso me preocupa. En el automovilismo actual, el piloto que tiene una personalidad que le puede gustar a la gente la debe ocultar porque sino lo echan. ¿Qué es lo peor que le pasa a un corredor de hoy, que esté décimo? Supongamos que va algún periodista y le pregunta: '¿Por qué estás decimo?' Si el tipo contesta que el motor no anda, listo, a la mierda, el motorista pide que lo cambien. Si acusa al chasis, salta el chasista y a la mierda. Si ese tipo dice que en realidad falló la estrategia, el director deportivo lo raja. Y tampoco quiere decir que se equivocó para no quedar como un pelotudo. Entonces, qué hace: chistes que no son chistes, contesta pelotudeces que nadie entiende, se hace el cómico y en el peor de los casos se pone a llorar y hace puchero. En definitiva eso es lo que pasa, así de fácil”.

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LOS RECUERDOS DEL FLACO

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