Acaso no haya habido un piloto tan carismático y querido como el Aguilucho. Ganador de 5 campeonatos con la marca Ford, conquistó el corazón de los hinchas con su simpatía pero también con su arrojo y velocidad. Con su hermano Juan dominaron el TC durante 15 años y fueron los grandes rivales de Fangio y Chevrolet. 

Oscar Gálvez, el ídolo que entró rápido en la historia

Nahuel Garcerón y Nahuel Rivada

28 DE MARZO DE 2018

Oscar Alfredo Gálvez se crió rodeado de motores y llantas en la esquina de Garro y Urquiza, en Parque Patricios, barrio de la zona sur de la Ciudad Autonoma de Buenos Aires. A pesar de que a los tres años su familia se mudo a Caballito, él seguía practicamente todo el día con sus manitos engrasadas. Llevaba los autos en la sangre.

Recién a los 21 años (nació el 17 de agosto de 1913) tuvo su primer auto, un Ford T, que era compartido con su hermano, Juan, tres años menor que él. El coche era usado a escondidas de sus padres, que se mostraban en desacuerdo con la idea. Y en ese momento comenzó su camino a la gloria. Siempre sentado, detrás de un volante y con el acelerador pisado a fondo.

Oscar era pillo, preparaba el auto todas las semanas para correr en Palermo y para mantenerlo en secreto lo guardaba en el galpón de un amigo. El resultado de esas carreras mostraban una fórmula clara: Gálvez + Ford = Victoria. Después de casi tres años de correr esas picadas, Oscar decidió dejar los estudios y enfocarse de lleno en los fierros.

El 5 de agosto de 1937 Oscar Gálvez debutó en el Turismo Carretera con un Ford negro junto a su fiel acompañante, su hermano Juancito. Y lo hizo a lo grande: en la primera etapa del Gran Premio de ese año, Buenos Aires-Tucumán, batió el record a Rosario con 3 horas exactas a un promedio de casi 120 kilòmetros por hora y sorprendió a todos . Sin embargo, debió esperar dos años para conseguir su primera victoria en el Gran Premio de 1939 interrumpido en Concordia (Entre Ríos) por el pèsimo estado de los caminos y diez más para el primer campeonato con la marca de sus amores.

El Aguilucho -llamado así tras haber protagonizado un espectacular accidente en el Gran Premio Internacional del Norte Buenos Aires - Lima de 1940, en el cual su auto terminó 200 metros abajo en un precipicio y él internado en un hospital de la capital peruana- disputó 165 carreras del TC, en las cuales triunfó en 43 y logró cinco campeonatos (1947/48/53/54/61). Claramente estaba hecho para conducir.

Gálvez fue sinónimo de Ford. Y la marca de origen estadounidense sinónimo de Gálvez. Sin duda, su apellido que marcó una época en el TC. Oscar tenía simpatía, era un porteño amigable. Como esos tangueros de la época a los que les gustaba hablar. La gente de todo el país lo esperaba al costado de los caminos, para que él haga su gesto típico. Sonrisa de oreja a oreja y saludo. Toda una celebridad.

Además, ayudó hacer del TC un deporte que le pisaba los talones al fútbol en cuanto a popularidad e hinchada. Tuvo muchísimas batallas con Chevrolet y con Juan Manuel Fangio de quien fue rival y amigo. A tal punto de hacer de ambos una rivalidad prácticamente equivalente a un River – Boca. Oscar no era un simple piloto. A su enorme habilidad se le sumaba la capacidad de reparar su auto -o cualquier otro- debido a su infancia en los talleres automotrices. Improvisaba con alambre si era necesesario. Para Gálvez, no había nada peor que no llegar a la meta por una falla en su Ford.

Olavarría presento un karma eterno para la familia Gálvez. Oscar, nunca ganó en esa ciudad y Juan se mato en una curva de dicho circuito en 1963. El TC los separó en su camino. Oscar siguió en la actividad profesional hasta su retiro en 1964 y su última victoria se dio el 16 de septiembre de 1962, en Salto.

Sin dudas, Oscar dejó un legado imborrable en el TC. No solo por sus victorias o capacidad para manejar, sino por su simpatía, su carisma y trato amable. A Gálvez lo apreciaban hasta sus máximos rivales. Eran otros tiempos -tal vez con más camaradería- pero él se hizo querer en cualquier lugar. Hizo del automovilisimo un deporte popular. Ganó carreras y campeonatos. Pero, tal vez lo más importante es que fueron con el respeto y la admiración de todos.

Oscar se fue el 16 de diciembre de 1989. Lo mató un cáncer de páncreas cuando tenía 76 años. Murió en su casa de Palermo, pocos dìas después de que el Autódromo Municipal de Buenos Aires fuera bautizado con su nombre y el de su hermano Juan. Seguramente, èl lo estaba esperando en el cielo con ganas de estrecharlo en un abrazo tan rápido como los autos que a ellos les gustaba manejar.

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