Cumple ocho décadas de vida una de las grandes emociones deportivas de los argentinos: el Turismo Carretera. Creado en 1937, creció al amparo de una rivalidad de marcas, Ford vs Chevrolet, y de la formidable identificación de los pueblos y las ciudades del interior con sus pilotos.

El TC, pasión de multitudes

Guido Manetti y Facundo Verdi

28 DE MARZO DE 2018

Han pasado 80 años de aquel 5 de agosto de 1937, cuando la Dirección Nacional de Vialidad, a propuesta del Automovil Club Argentino, reglamentó las carreras automovilísticas en ruta, que ya existían. Este fue el impulso inicial del Turismo Carretera, una de las expresiones deportivas que más apasionan a los argentinos.

El contexto del mundo en el siglo XXI es completamente diferente de aquel a finales de la década del 30 del siglo pasado. Los avances tecnológicos se han impregnado en la vida cotidiana de los hombres y los han dotado de muchas fuentes de ocio que no existían: la computadora, los teléfonos celulares, las tablets y los televisores. Sin embargo, esto no alejó del Turismo Carretera al fanático de los fierros. Al mismo tiempo la categoría sufrió grandes crisis. Algunas de ellas internas, como la social y económica de la posdictadura 1976-1983 y la del 2001, y otras externas, producto de la Segunda Guerra Mundial, que repercutieron en el armado de los equipos de la categoría. A pesar de esto, la pasión por el TC siguió y sigue intacta. ¿Cómo se fue forjando este fenómeno pasional?

Una de las razones de esta pasión se debe a la oposición entre dos bandos. Como en el fútbol argentino existe River vs Boca y el tenis argentino de los años 80 se dividía entre Guillermo Vilas y José Luis Clerc, el automovilismo nacional también tiene un enfrentamiento que parte al espectador: el duelo entre marcas y pilotos. La rivalidad por excelencia en Argentina, si de autos se trata, es entre Ford y Chevrolet, las marcas más emblemáticas.

Pero la trascendencia histórica de estos equipos la dieron los grandes pilotos que forjaron la disputa. Esta rivalidad la encarnaron los hermanos Oscar y Juan Gálvez, por el lado de Ford, y Juan Manuel Fangio, por Chevrolet. El primer título del Chueco de Balcarce fue en 1940 en el Gran Premio Internacional del Norte, a bordo de su Chevrolet verde, y lo repitió de vuelta al año siguiente. No obstante, el periplo de Fangio por el automovilismo argentino fue muy corto debido a su incursión en la Fórmula 1,en la que obtendrìa cinco campeonatos mundiales en la siguiente década.

Con la partida de Fangio al exterior en 1949, los hermanos Gálvez no encontraron oposición cuando se reinició la categoría en 1947, luego del receso por la Segunda Guerra Mundial. Entre ese año y 1961 los hermanos de Caballito ganaron entre ambos 14 títulos. Solo interrumpidos por el torneo que ganó Rodolfo de Álzaga, también de Ford, en 1959.

Al margen de esta gran rivalidad también hubo otros grandes pilotos que mantuvieron el enfrentamiento intacto como Dante Emiliozzi, Carlos Pairetti, Rubén Luis di Palma, Juan María Traverso, Roberto Mouras y Guillermo Ortelli. Además, otras marcas fueron y son protagonistas de esta rica historia: Dodge y Torino, la marca nacional por excelencia que tantos hinchas comenzó a llevar a partir de la década del 60.

Otra de las grandes razones por las cuales el Turismo Carretera sigue vivo en el corazón de los argentinos es porque, en sus inicios, los pilotos viajaban por los lugares más recónditos del país. La gente los veía pasar, los saludaba, los alentaba y los ayudaban si sufrían algún desperfecto mecánico. Esto hizo que los argentinos de todos los rincones del país sintieran una pasión por los fierros que se fue transmitiendo de generación en generación hasta llegar en nuestros días a los más chicos. Hoy se ven en las tribunas de los autódromos a padres con sus hijos, a familias enteras, que comparten la misma pasión. Amistades y noviazgos también se pueden formar en esta gran tribuna compartida.

“Los grandes pilotos argentinos de la historia, excepto los hermanos Gálvez, son del interior. Entonces se puede evidenciar un sentido de pertenencia con su pueblo, una identidad que los arraiga con los más cercanos y los relaciona inmediatamente con ese lugar. El sentido de pertenencia juega un papel clave y fundamental en la construcción de la pasión. El piloto corre en representación de su pueblo y gracias a este, ya que los habitantes, en muchas ocasiones, mediante rifas y donaciones, juntaban fondos económicos para que el auto esté en condiciones de correr en la ruta. A cambio, el piloto devolvía este aporte colocando en el parabrisas del auto el nombre del pueblo”, explicó Luis Landriscina, cuentista argentino, gran conocedor del interior de nuestro país y fanático de la categoría.

Las épocas han cambiado. Los autos de turismo ya no corren más en las carreteras, lo que le dio nombre a la categoría, sino que ahora lo hacen en circuitos cerrados. Las viejas cupecitas se transformaron en autos de fábrica, modernos y preparados para rendir en la alta competencia gracias al gran avance tecnológico de nuestros días. La economía se ha metido de lleno en el mundo del Turismo Carretera. Los autos están llenos de publicidades en su carrocería y las carreras son televisadas para todo el país y el mundo. Pero hay algo que sigue intacto como en el primer dìa: la pasión por el Turismo Carretera.

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