La carrera especial de 500 kilómetros, con pilotos invitados luego de 20 años, fue para los de Chevrolet, que cumplieron al pie de la letra con una estrategia conservadora y se quedaron con el triunfo ante un enorme marco de público en el autódromo Hermanos Emiliozzi.

Rossi y Guerrieri, los más inteligentes de la fiesta

Juan Manuel Collazo @jmcollazo

28 DE MARZO DE 2018

Después de 20 años, el Turismo Carretera volvió a correr con pilotos invitados y la cita fue en Olavarría, donde la dupla de Matías Rossi y Esteban Guerrieri (Chevrolet) se quedó con la carrera especial de 500 kilómetros por delante del Torino que compartieron Mauricio Lambiris y Julián Santero y la Dodge de Martín Serrano y Martín Basso. La estrategia y las eficientes paradas en boxes fueron las claves que definieron el triunfo para los pilotos de la Chevy número 2, que ahora lidera el campeonato con 168 puntos tras cinco fechas.

UNA HISTORIA QUE NO DEJA DE REPETIRSE

El TC, la categoría más antigua del planeta con casi 79 años (récord Guinness), y todo el circo que se mueve alrededor visten de fiesta al lugar por el que pasan. La mañana olavarriense estuvo muy fría, con temperaturas muy bajas, y el sol amagó con instalarse a lo largo de toda la mañana, pero las nubes y el viento hicieron su trabajo para esconderlo. Sin embargo, el autódromo Municipal Hermanos Emiliozzi, en honor a los hermanos Dante y Torcuato (cuatro veces campeones entre 1963 y 1966), estuvo colmado en todo el perímetro por grandes y chicos, porque si algo tiene el automovilismo es que la pasión se transmite. Abuelos, padres e hijos, todos envueltos en el mismo mundo y con la misma felicidad.

Con la salida del sol, los primeros autos empezaron a llegar, pero además comenzaron a despertarse todos los que pasan el fin de semana en el circuito. Colectivos, carpas, casillas rodantes, todo sirve para dormir (o no) allí, algunos hasta desde el miércoles para conseguir un buen lugar. El mate es lo más elegido en los desayunos teceístas, pero también estaban quienes optaban por otras opciones que no concordaban mucho con el horario como el vino, el fernet y la cerveza.

A medida que avanzaba la mañana, empezaron a aparecer los primeros fuegos para otro de los rituales: el asado. En las parrillas el menú es variado: tiras, costillares, lechones, corderos, chorizos, morcillas. Al parecer, algunos van para comer y tomar y para ellos, la carrera pasa a ser una excusa. Para esta ocasión hay que hacer una salvedad: no hubo series clasificatorias, por lo que la actividad en pista empezó más tarde de lo habitual.

A las 9.17, un ruido paralizó el ambiente. El primer motor se puso en marcha, los primeros seis cilindros en línea comenzaron a rugir. El frío y el viento pegaban cada vez más fuerte, pero los oídos empezaron a calentarse con unos cortos entrenamientos para los pilotos invitados. Con el paso de los autos, el público aplaudía, gritaba, saludaba y alentaba a su piloto. En el inicio de la recta principal se ubicaba “La 4”, el grueso de la hinchada de Ford. 500 metros más adelante, sin alambrados ni custodia de por medio, estaba “La 15”, los de Chevrolet.

Después de unas pocas vueltas, los autos volvieron a guardarse en los boxes a la espera de la gran final, histórica por donde se la mire. El orden de largada, por ranking, determinaba que Martínez largaba primero y a su lado Rossi. El “Gurí”, el último campeón y el máximo ídolo de Ford en actividad, no había tenido una semana fácil tras la exclusión por no cumplir con el reglamento técnico en la última carrera de Concordia (100cc de cilindrada por encima de lo permitido) y ahora deberá cumplir cuatro fechas de suspensión, junto con una multa de 200.000 pesos que tendrá que donar a cuatro hospitales.

Detrás, al acecho y con ganas de cosechar muchos puntos para el campeonato, esperaban Ortelli, el ídolo de Chevrolet con seis títulos en la espalda, Ardusso, Canapino y Werner. Otro condimento especial estaba en los invitados, con retornos de peso como los de Marcos y José Luis Di Palma (este último junto a su hijo “Josito) y Ernesto “Tito” Bessone. Los recibía una pista fría y los aguardaba una carrera para inteligentes en la que deberán parar, por lo menos, dos veces a reabastecerse y cambiar de piloto. Para completar las 123 vueltas tendrían que cuidar frenos, gomas y principalmente el motor, que a varios les trajo dolores de cabeza en las cuatro pruebas anteriores. Eran las 11.15 y la mesa estaba servida: vuelta previa, semáforo que pasó de rojo a verde y el pedal de la derecha apretado hasta el fondo.

UN 10 EN ESTRATEGIA PARA ROSSI Y GUERRERI

Martínez dominó en el comienzo, con un auto que en medio del escándalo por lo ocurrido en la carrera anterior demostraba ser más rápido que todos y hacía claras diferencias a la hora de acelerar. Por su parte, Rossi no le perdía pisada, pero decidió cuidar el auto y Ortelli fue quien pasó al ataque. Pese a que la Chevy del séxtuple de Salto llegó a pasarlo, el Falcon del campeón entrerriano mantuvo el ritmo. Lo de Ortelli, un caso aparte: el equipo no le avisó que debía entrar y se quedó sin nafta, por lo que llegó de tiro a los boxes y perdió muchísimo tiempo.

El dominio de Martínez, que decidió seguir arriba tras la primera parada y que su invitado, el local Pezzuchi, siga abajo, hacía presumir que iba a ser un paseo veloz para el Ford número 1. Sin embargo, un rodamiento de la transmisión dijo basta y el campeón tuvo que abandonar. Canapino, quien había hecho una parada muy veloz, tomó la punta, pero también se quedó tras una falla en el motor. Guerrieri, en el asiento de Rossi, quedó a la cabeza de una fila india desordenada por los que tenían vueltas perdidas. Sin la ayuda de una radio, en el autódromo por momentos era imposible saber quién estaba como líder.

Después de varios ingresos del auto de seguridad, la lucha quedó entre Rossi, que volvió a subirse en lugar de Guerrieri, y el uruguayo Lambiris. La lluvia apareció en las últimas vueltas y alcanzó a humedecer un poco la pista, lo que obligó a todos a manejar con la punta de los dedos. Después del relanzamiento quedaban solamente 4.066 metros de velocidad pura, en los que el “Misil” Rossi manejó la Chevy roja, blanca y negra con una prolijidad extrema y no le dio oportunidades al Torino de Lambiris.

La bandera a cuadros cayó sobre el auto del Donto Racing, al que parecen caerle bien las carreras especiales ya que en 2015 había ganado “El desafío de las estrellas” luego de largar último por sorteo. Los fuegos artificiales le pusieron color a la llegada de los autos que consiguieron completar los 500 kilómetros de la prueba. Como detalle, el trofeo tuvo la imagen de la “Galera”, la histórica Coupé Ford V8 azul y roja con válvulas a la cabeza que voló con los Emiliozzi, con el 1 pintado en los laterales. “La 15”, de fiesta con el triunfo de la dupla Rossi-Guerrieri, que también comparte el equipo oficial Toyota en el Súper TC 2000. Olavarría, de fiesta con una nueva carrera histórica del Turismo Carretera.

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Fiesta popular en Olavarría

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