Gustavo Bruzzone fue destacado jugador santafesino. Ade,ás participó activamente en la Juventud Peronista. Desapareció el 19 de marzo de 1977 cuando tenía 22 años.

El ajedrecista que le ganó una partida al olvido

Andrea D'Emilio @anyudemilio

28 DE MARZO DE 2018

El fútbol era una de las grandes pasiones de Gustavo y quienes lo conocieron aseguran que tenía muy buenas condiciones como arquero cuando jugaba en el Club Gimnasia Esgrima de Ciudadela de Santa Fe. Su entrenador lo llevó a probarse a Unión, club de sus amores, donde captó la atención de quienes observaron la prueba. Pero su posible comienzo como futbolista se frustró tempranamente.

“Tenía grandes condiciones. Siempre jugaba limpio, con lealtad. Era un excelente arquero, lo llevaron a Gimnasia y cuando Unión lo vio lo quiso llevar pero no le dieron el pase, entonces abandonó el club y jugó torneos libres”, recuerda su hermano, Rodolfo.

Tras ese trago amargo, el joven nacido en la localidad santafesina de San Javier se inclinó por el ajedrez, su segundo amor, deporte que aprendió de la mano de su padre cuando tenía seis años. Papá Bruzzone no era ajedrecista pero sí sabía mover las piezas por eso al ver que sus hijos demostraban interés en esta práctica les enseñó las primeras reglas.

Gustavo y Rodolfo -cuatro años mayor- comenzaron a jugar torneos y su padre no llegó a verlos en acción porque falleció en 1962, luego de una enfermedad terminal, cuando el menor de los Bruzzone apenas tenía ocho años.

Los hermanos, fanáticos de Unión y de Victorio Nicolás Cocco, eran socios de la institución Tatengue, lugar que aprovechaban para nadar en la pileta y pasar horas en la sala de ajedrez. Cuando salían del club seguían jugando, eran apasionados por este juego.

En poco tiempo, Gustavo se convirtió en una de las grandes promesas del ajedrez a nivel regional. Comenzó a ser entrenado por Ricardo Hase -reconocido campeón santafesino y seis veces finalista en torneos argentinos- y de Unión pasó a jugar al club Sirio Libanés.

Según un artículo de Nuevo Diario, que data de 1972, el joven daba muestras de grandes condiciones mientras disputaba un torneo juvenil: “Confirmando sus antecedentes y buen momento, triunfó el representante de la Federación Santafesina, Gustavo Bruzzone”.

En el documental “Deporte, desaparecidos y dictadura” Hase recuerda a su discípulo como “un creativo que buscaba siempre la mejor jugada”, razón por la cual pensaba mucho durante cada partida.

Además de jugar al ajedrez, el menor de los Bruzzone era uno de los mejores promedios de su curso cuando estudiaba en la secundaria del Comercial Domingo Silva, donde también comenzó a dar sus primeros pasos en la militancia, en la Juventud Peronista. Luego se inscribió a estudiar bioquímica y ahí se involucró activamente en ayudar a los sectores más relegados de la sociedad.

Gustavo se hacía tiempo para el deporte, para rendir libres las materias, para trabajar en los barrios, en las zonas donde más se necesitaba ayuda. Más de una vez salió casa por casa a pedir alimentos no perecederos, como cuando se involucró en la causa de los vecinos de Alto Verde quienes sufrieron la inundación de 1973. También fue el mismo que agarró una pala para cavar un desagüe y evitar que el agua llegara a las casas humildes de la zona. “Aparte de ser mi hermano era una gran persona, querido por todos y preocupado por la gente por la que dio su vida”, agrega Rodolfo.

Ese compromiso social lo llevó a estar cada vez más metido en la militancia, algo que compartía con su novia Liliana Nahs, quien luego se convirtió en su esposa. Juntos tuvieron que mudarse a Rosario, casi obligados, ya que ambos eran consientes de la persecución que estaban teniendo los militantes. El accionar y la represión de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) obligó a muchos a cambiar sus domicilios y escaparse para no ser secuestrados. Fue en vano. El 19 de marzo de 1977 Bruzzone salió de su casa para buscar su Cietröen 3CV que estaba en el taller mecánico y nunca más regresó. Tenía apenas 22 años y se preparaba para volver a Santa Fe para festejar el cumpleaños de su mamá.

Rodolfo junto a su madre Irma lo buscaron intensamente, recorrieron hospitales y comisarías, pero no tuvieron noticias de Gustavo. Liliana no tuvo mejor suerte. Ella también fue secuestrada en agosto de 1977.

Durante muchos años nada se puso de Bruzzone, ni siquiera su nombre figuraba en alguna causa judicial. Casi 37 años después, en julio de 2014, el cuerpo de Gustavo, que había sido enterrado como NN en el cementerio La Piedad de Rosario, fue reconocido por el Equipo Argentino de Antropología Forense. “Cuando me comunicaron que sus restos habían aparecido lloré como una criatura”, rememora Rodolfo.

Ahora los restos de Gustavo descansan en el cementerio Municipal de Santa Fe. Ahora tienen donde recordarlo sus familiares. También, en 2009, a través de una propuesta de la vecinal del barrio María Selva aprobada por el Concejo Municipal de Santa Fe, una plazoleta de la ciudad -en las calles Ruperto Godoy y Rivadavia- lleva el nombre de “Gustavo Ramón Bruzzone”. Allí se colocó una placa conmemorativa, que ya fue robada en dos ocasiones. Rodolfo asegura “va a pedir que vuelvan a ponerla”. Ahí sigue Bruzzone dándole jaque mate al olvido.

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