Manu Ginóbili es un claro ejemplo de superación personal. A base de trabajo y sacrificio, se ganó la admiración de los mejores jugadores de la historia de la NBA.

El respeto no tiene precio

Santiago Ballatore

28 DE MARZO DE 2018

Probablemente no alcancen los adjetivos del diccionario para describir lo que significó Emanuel Ginóbili para la NBA. Pero si hubiera que quedarse con uno, sería desinteresado. No por el juego ni su equipo, sino que por el éxito personal, siempre y cuando lo que hiciera fuera útil para sus compañeros. Por el dinero. Porque, si hubiera querido, podría haber conseguido un contrato mucho más alto que el que tuvo en San Antonio Spurs la mayor parte de su carrera. Es por esta cualidad que Ginóbili se ganó el respeto casi unánime de toda la liga y de los mejores jugadores que participaron en ella.

Relata el periodista estadounidense Zach Lowe que durante uno de los primeros partidos del bahiense ante Los Ángeles Lakers, la figura Kobe Bryant le pidió a Bruce Bowen, estrella de los Spurs en ese entonces, que le contara sobre ese “blanquito”, en un tono medio despectivo. A lo que Bowen le respondió: “No es ningún ‘blanquito’. Ya vas a ver”.
Es que si hay algo que nunca le faltó al argentino desde que entró a la liga hasta su retiro, fue su carácter. Bruce Bowen era un jugador que se caracterizaba por su defensa fuerte y sus mañas, que volvían locos a los atacantes. Tim Duncan, probablemente el mejor jugador que se puso la camiseta de San Antonio, contó que durante toda la primera temporada de Ginóbili, Bowen intentaba sacarlo de sus casillas. Pero Manu nunca respondía ni cobraba las faltas, sino que se levantaba y seguía jugando. “Ahí fue cuando supe que estaría bien”, dijo Duncan, quien al principio tenía dudas sobre el argentino.
Inteligencia. Ahí va otra característica del paso de Ginóbili por la NBA. Gregg Popovich, quien fue su entrenador durante los 16 años que jugó en la franquicia, comentó tiempo atrás que cuando Manu llegó al equipo, no creía poder entrenarlo, ya que era muy terco y tomaba muchas decisiones arriesgadas. Pero al fin y al cabo se dio cuenta de que todo lo que hacía era por un motivo. Que arriesgarse era necesario. “Llegué a la conclusión de que tendría que ser más a su manera que a la mía”, contó.
Era tal la confianza que Popovich tenía puesta en el oriundo de Bahía Blanca que, en un partido de pretemporada ante Los Ángeles Clippers en 2010, le entregó la pizarra, se hizo a un lado y dejó que diagramara la jugada final para sus compañeros. Y, como si fuera poco, los jugadores siguieron las órdenes a la perfección y terminaron ganando por un punto.
En 2002 fue el debut de Ginóbili en la liga de básquet más importante del mundo. Tanto tiempo pasó de esa temporada, que muchos jugadores que enfrentó en los últimos años estaban inspirados por él. Un ejemplo es Gordon Hayward, estrella de Boston Celtics, que usa el dorsal 20 en su honor. O D’Angelo Russell, figura emergente de la liga, que teniendo a Kobe Bryant de compañero en los Lakers, contó varias veces que fue Manu el jugador en el que se inspiró y de quien copió la mayoría de sus movimientos.
El caso de James Harden, elegido jugador más valioso de la liga en 2018, es muy especial. Harden es como un espejo de Ginóbili, no solo por tener la zurda como mano hábil, sino por las cosas que hace dentro de la cancha. Incluso muchos analistas norteamericanos lo llaman “El Ginóbili moderno”. El famoso eurostep, movimiento que se usaba mucho en las ligas de Europa y que fue patentado en Estados Unidos por el argentino, es moneda corriente en el juego del norteamericano.
Quien mejor explicó cómo era jugar contra el bahiense fue Mike Krzyzewski, también conocido como Coach K, que fue entrenador de la selección de Estados Unidos entre 2006 y 2016. Luego del partido en el que Estados Unidos eliminó a Argentina en los Juegos Olímpicos de Río 2016, Coach K comentó que se acerco a Manu y le dijo: “Nunca me había enfrentado a un competidor más feroz que vos”.
Sin el 20 de los Spurs, que, citando al histórico Magic Johnson, “era uno de los jugadores más divertidos de ver”, a la NBA le falta algo. Y ni hablar del básquet argentino, que tendrá la difícil misión de que cada jugador proveniente de este país que sea reconocido a nivel mundial, no sea comparado Emanuel Ginóbili.

El periodista estadounidense Zach Lowe cuenta que durante uno de los primeros partidos del bahiense ante Los Ángeles Lakers, la figura Kobe Bryant le pidió a Bruce Bowen, estrella de los Spurs en ese entonces, que le contara sobre ese “blanquito”, en un tono medio despectivo. A lo que Bowen le respondió: “No es ningún ‘blanquito’. Ya vas a ver”.

Es que si hay algo que nunca le faltó al argentino desde que entró a la liga hasta su retiro fue su carácter. Bruce Bowen era un jugador que se caracterizaba por su defensa fuerte y sus mañas, que volvían locos a los atacantes. Tim Duncan, probablemente el mejor jugador que se puso la camiseta de San Antonio, contó que durante toda la primera temporada de Ginóbili, Bowen intentaba sacarlo de sus casillas. Pero Manu nunca respondía ni cobraba las faltas, sino que se levantaba y seguía jugando. “Ahí fue cuando supe que estaría bien”, dijo Duncan, quien al principio tenía dudas sobre el argentino.

Inteligencia. Ahí va otra característica del paso de Ginóbili por la NBA. Gregg Popovich, quien fue su entrenador durante los 16 años que jugó en la franquicia, comentó tiempo atrás que cuando Manu llegó al equipo no creía poder entrenarlo, ya que era muy terco y tomaba muchas decisiones arriesgadas. Pero al fin y al cabo se dio cuenta de que todo lo que hacía era por un motivo. Que arriesgarse era necesario. “Llegué a la conclusión de que tendría que ser más a su manera que a la mía”, contó.

Era tal la confianza que Popovich tenía puesta en el oriundo de Bahía Blanca que, en un partido de pretemporada ante Los Ángeles Clippers en 2010, le entregó la pizarra, se hizo a un lado y dejó que diagramara la jugada final para sus compañeros. Y, como si fuera poco, los jugadores siguieron las órdenes a la perfección y terminaron ganando por un punto.

En 2002 fue el debut de Ginóbili en la liga de básquet más importante del mundo. Tanto tiempo pasó de esa temporada, que muchos jugadores que enfrentó en los últimos años se inspiraban en él. Un ejemplo es Gordon Hayward, estrella de Boston Celtics, que usa el dorsal 20 en su honor. O D’Angelo Russell, figura emergente de la liga, que teniendo a Kobe Bryant de compañero en los Lakers, contó varias veces que fue Manu el jugador a quien le copió la mayoría de sus movimientos.

El caso de James Harden, elegido jugador más valioso de la liga en 2018, es muy especial. Harden es como un espejo de Ginóbili, no solo por tener la zurda como mano hábil, sino por las cosas que hace dentro de la cancha. Incluso muchos analistas norteamericanos lo llaman “El Ginóbili moderno”. El famoso eurostep, movimiento que se usaba mucho en las ligas de Europa y que fue patentado en Estados Unidos por el argentino, es moneda corriente en el juego del norteamericano.

Quien mejor explicó cómo era jugar contra el bahiense fue Mike Krzyzewski, también conocido como Coach K, que fue entrenador de la selección de Estados Unidos entre 2006 y 2016. Luego del partido en el que Estados Unidos eliminó a Argentina en los Juegos Olímpicos de Río 2016, Coach K comentó que se acerco a Manu y le dijo: “Nunca me había enfrentado a un competidor más feroz que vos”.
Sin el 20 de los Spurs, que, citando al histórico Magic Johnson, “era uno de los jugadores más divertidos de ver”, a la NBA le falta algo. Y ni hablar del básquet argentino, que tendrá la difícil misión de que cada jugador proveniente de este país que sea reconocido a nivel mundial, no sea comparado Emanuel Ginóbili.