Dos periodistas de El Equipo fueron testigos de la impunidad de los revendedores ante la mirada pasiva de la policía local.

¿Cómo fue la reventa de entradas en el Mundial de Rusia?

Juan Lacanette y Federico Miqueo

28 DE MARZO DE 2018

El Mundial de Rusia 2018 no fue la excepción, la reventa de entradas se dio una vez más, y Moscú fue la ciudad en donde compradores y revendedores dieron inicio a una cadena sin fin. A pesar de que en 1930 ya se denunciaban a delegados argentinos revendiendo entradas para la primera Copa del Mundo en Uruguay y que en cada Mundial el reclamo de los hinchas pasa por los valores no oficiales de las entradas, todo indicaba el de Rusia iba a ser diferente por las medidas de seguridad, pero lamentablemente la historia se volvió a repetir.
Los que tuvieron suerte de salir sorteados por FIFA en cada uno de los seis periodos de compra que hubo previo al Mundial, pagaron el precio oficial de las entradas, que rondaba entre los 100 a los 600 dólares, dependiendo del partido y de la categoría (1, 2 y 3). Una gran cantidad de los que pudieron concretar su compra de entradas son revendedores, que utilizan esos tickets para poder venderlos al mejor postor, partiendo de la base que el costo subiría, mínimamente, el doble de lo que la consiguieron. Lejos de querer ir a Rusia a disfrutar de uno de los acontecimientos deportivos más importante del mundo, o de ver a la Selección que representa su país, estos revendedores se hacen llamar trabajadores.
Estaban a la vista de todos, pero siempre intentando pasar desapercibidos porque, como lo dice la ley en la página de FIFA es ilegal la reventa de entradas y la policía podía descubrirlos, lo que implicaba someterse a una revisión y chequeo de todos los tickets que tenían en su poder para comprobar si realmente estaban a nombre de ellos, algo imposible que así sea.
El artículo 4 de las reglas que publicó FIFA en su sitio oficial es muy claro:
“Consecuencias de la Transferencia, Reventa u otro uso no Autorizado de las Entradas”
La transferencia, reventa u otro uso no autorizado de las Entradas supone un incumplimiento de las Condiciones Generales para el Uso de las Entradas. En tal caso, la FIFA cancelará automáticamente las Entradas. Como consecuencia de ello, la FIFA podrá:
a) negarse a entregar las Entradas;
b) negar el ingreso al estadio;
c) expulsar al titular de la entrada del estadio;
d) confiscar la entrada;
e) invalidar electrónicamente la entrada, al igual que cualquier otra entrada comprada por el solicitante en cuestión;
f) presentar una demanda para hacer valer los términos y condiciones, las leyes y reglas vigentes y reclamar daños y perjuicios, si procede; y/o
g) notificar a las autoridades gubernamentales de este incumplimiento.
En este caso el Titular de Entradas no tiene derecho de percibir un reembolso o indemnización.
Este equipo de investigación lo pudo comprobar en las calles de Moscú, cerca de los estadios. Los revendedores andaban en grupos grandes, pero bien distribuidos, la edad superaba en todos los casos los 30 años y se paseaban horas y horas esperando la oportunidad para poder ganar dinero. Entre ellos se consultaban siempre antes de concretar una compra, y a su vez, se comunicaban con su jefe, aunque no parezca cierto, responden a alguien que tiene más poder que ellos, quien sería el cerebro de la operación.
Los partidos que se disputaron en Moscú tuvieron una gran demanda ya que la mayoría de las personas que llegaron para ver el Mundial fueron a la capital de Rusia a hospedarse. Es por eso que las entradas estaban a un valor super alto. Argentina ante Islandia, México-Alemania, Polonia-Senegal y muchos partidos más se jugaron en Luzhniki o Stadium Spartak. Para el partido de la Selección argentina fue tanta la espera y ansiedad por ver a Lionel Messi que hubo gente que pagó hasta 1000 dólares por una entrada. Otro encuentro que nadie se quería perder era el duelo entre los mexicanos y alemanes, es por eso que durante la tarde del mismo día del partido se vendían entradas a partir de los 800 dólares. La oferta y demanda era muy elevada y la gente optaba por no ir a ver a su selección, hasta se pudo observar butacas vacías en los estadios a pesar de que la FIFA anunciaba que todas las entradas habían sido vendidas.
Hay algo que diferencia al hincha latinoamericano con el europeo o de otras partes del mundo, y es que su locura por ver a su selección no reconoce barreras de precio; es capaz de pagar valores exorbitantes por entrar a un estadio de fútbol y los revendedores obviamente están al tanto de eso. Los hinchas peruanos, por ejemplo, vinieron en gran cantidad a Rusia, después de esperar 36 años para volver a jugar un Mundial. Cerca de setenta mil hinchas llegaron con la ilusión de, aunque sea, gritar un gol. Lamentablemente, por la ley básica de oferta y de demanda, solo los pocos afortunados que salieron sorteados en FIFA o los que disponían de mil dólares para pagar una entrada de reventa pudieron ver a Guerrero y compañía.
El caso de Argentina y de Brasil es aún más complicado, ambos equipos tienen figuras de primer nivel como Messi y Neymar y es ahí donde el latinoamericano entra a competir directamente con los fanáticos del fútbol y del mercado asiático, que están dispuestos a pagar cualquier precio por ver a las estrellas en acción dentro del campo de juego.
Los revendedores se hacen un festín. Las oficinas son los alrededores de los centros de entradas FIFA y los estadios. En su mayoría, son franceses y españoles que manejan con mucha fluidez distintos idiomas como el inglés, portugués y hasta algunas palabras en chino o árabe. Nunca están solos y “trabajan” de sol a sol durante los 30 días que dura el Mundial como experimentados comerciantes que aprovechan la ansiedad y la necesidad del hincha. Es un estilo de vida difícil de entender, porque son nómades, viajan por todo el mundo en busca de la oportunidad, en este caso el Mundial de Fútbol, pero su tarjeta de presentación es muy clara, el negocio no es solamente la pelotita, también la Fórmula 1 o cualquier evento que se organice de forma masiva.
Hablamos mucho de la reventa ilegal de entradas, pero hay que reconocer que también hay una reventa legal que, aunque no esté avalada por FIFA, que es clara en su reglamento, cualquiera puede acceder desde su celular o su PC. Www.viagogo.com y www.stubhub.com son las plataformas que le permiten al oportunista vender sus tickets a valores altísimos. A pesar de que la FIFA interpuso el 4 de junio de 2018 ante la Fiscalía General de Suiza (sita en Ginebra) una denuncia penal contra Viagogo por infringir la legislación de competencia desleal, la página vende y vendió una gran cantidad de entradas.
Durante los últimos meses, la FIFA ha recibido numerosas quejas de particulares, organizaciones de protección al consumidor y otros actores del mercado motivados por la conducta opaca y engañosa de Viagogo. Supuestamente tomó cartas en el asunto siguiendo la pauta marcada por otros grupos de interés que ya han denunciado a Viagogo en Suiza por sus prácticas comerciales fraudulentas.
En reiteradas oportunidades la FIFA se jacta de su lucha contra el mercado secundario de entradas, pero realmente cualquiera que tuvo la posibilidad de ingresar a un estadio durante el Mundial pudo observar que no constaron en ningún momento el titular de la entrada con el pasaporte o con el Fan ID, que es el documento de identidad requerido por las autoridades rusas. Todos los titulares de entradas necesitan tener un Fan ID junto con una entrada válida para poder acceder a los estadios que alberguen partidos de la Copa del Mundo, algo que como mencionamos antes nunca se le dio importancia.
Los argentinos buscando conseguir una entrada en la reventa resultó una imagen repetida en la Plaza Roja y en las afueras de los centros oficiales de FIFA. Desde el comienzo de la Copa del Mundo la búsqueda de entradas para estar en los partidos más importantes era incansable y cansadora, ya que al observar constantemente lo que sucedía, se percibía demasiado fastidio y mucho enojo por parte de los compradores.
El centro de este negocio se daba específicamente en Moscú, capital de Rusia, ya que allí había tickets para los encuentros que se jugaron en las diversas ciudades como San Petersburgo, Nizhny Nóvgorod, Kazán, Samara, Rostov del Don y más. Lo más triste es que el gasto no solo era por conseguir entradas, sino que se sumaba al de los viajes, hospedaje y sobrevivencia diaria. Mientras los días iban pasando, los precios iban aumentando, mucho más cuando finalizó la etapa de los grupos, cuando ya estaban definidos los cruces entre las selecciones clasificadas. Una multitud de argentinos apostó en la previa del Mundial a que el seleccionado argentino saldría primero en el grupo y compraron los octavos de final en la sede de Nizhny Nóvgorod. Pero a veces la confianza desmedida termina engañando, es por eso que al enterarse que la Selección tenía solo chances de salir segunda luego de la derrota frente a Croacia por 3 a 0, tuvieron que acercarse a los puntos de reventa para poder venderlas al mismo precio o más, para luego conseguir la de segundo puesto. Una tarea difícil, que dio inicio a una cadena interminable entre unos y otros. La compra era solo en dólares, no se aceptaba otra moneda, ni rublos (moneda nacional), y muchos menos pesos argentinos.
Lo que sorprendió fue que la policía rusa, que estaba presente en los puntos de reventa ilegales y los centros oficiales de FIFA, no actuaba frente a los manejos de dinero e ida y vuelta de tickets. Solo miraban, muy rara vez intervenían como en su momento manifestaron que lo iban a hacer. Cuando el sol invadía Rusia valía todo. Pero cuando la corta noche se presentaba los revendedores escapaban en sus vehículos lujosos, si quedaban a la vista tal vez podrían pasar un mal momento, y porqué no ser arrestados, a pesar de que estos se movían y dispersaban entre la gente como peces en el agua.
La mayoría de los argentinos que llegaron a Rusia para alentar a la Selección argentina no se imaginaban tener que pegar la vuelta en octavos de final. El primer encuentro frente a Islandia parecía accesible pero el empate alertó a los presentes en Moscú. La derrota frente a Croacia impactó muy fuerte, hasta el punto de que los dirigidos por Jorge Sampaoli tenían que esperar por el resultado entre Islandia y Nigeria para tener chances de poder seguir en este Mundial. Argentina ganó épicamente frente a Nigeria y el alivio llegó. Parecía que comenzaba todo de nuevo, que la Selección volvía a renacer en octavos, pero la poderosa Francia se impuso y finalmente arruinó los corazones argentinos que llegaron motivados con ver levantar la Copa a Lionel Messi. A partir de lo ocurrido los argentinos se acercaron a los puntos de venta ilegales para poder vender las entradas de cuartos de final en Nizhny Nóvgorod, y también la de semifinal y final en Moscú, ya que decidieron volver a Argentina y no ver ningún partido más de este Mundial. Unos argentinos contaron que tenían cinco entradas para la semifinal y tres para la final. Eran cuatro amigos, se levantaron temprano para ir a vender las entradas y estuvieron ocho horas para poder concretar la venta. Estos chicos, de no más de 30 años, dijeron que hablaron con varios negociadores, que le proponían un precio y que por lo general el revendedor se los bajaba.
Un revendedor los hizo ir a un Mcdonald's ubicado enfrente del punto de venta para poder confirmar la compra; otro los citó en un Burger King; y así varios lugares estratégicos para poder realizar la transferencia de entradas y dinero con mayor tranquilidad y a la vista de la menor cantidad de personas posible. Finalmente vendieron cinco entradas de semifinal por 6000 dólares, cuando ellos habían comprado a precio FIFA, o sea que ganaron más del triple de cada entrada. Y además vendieron las tres de la final a 2000 dólares cada una. Un negocio redondo para estos chicos de Capital Federal que vinieron con ganas de ver a Argentina en la final pero que se llevaron una gran cantidad de dinero. Se fueron contentos, asegurando que con esa plata recorrerán varios países europeos antes de regresar a la Argentina.
Los revendedores son bajo perfil en su mayoría, están todo el día esperando una oferta que les convenga y jamás salen perdiendo dinero. Se identifican, en su minoría, con carteles colgados de sus cuellos que dicen tickets y no solo son rusos los que aprovechan, sino que también hay franceses, brasileños e ingleses. Si quieren una entrada, te volverán loco para poder bajar el precio. Tienen poder de convencimiento y si no quieren una entrada, no hay que insistir. No, es no. Dan la vuelta y siguen su camino.
La pregunta que planteamos es: ¿es imposible terminar con la reventa de entradas ilegales? Mientras formulan su respuesta lo único que es cierto es que los actores principales de este negocio ya están pensando en el Mundial de Qatar 2022.

El Mundial de Rusia 2018 no fue la excepción, la reventa de entradas se dio una vez más, y Moscú fue la ciudad en donde compradores y revendedores dieron inicio a una cadena sin fin. A pesar de que en 1930 ya se denunciaban a delegados argentinos revendiendo entradas para la primera Copa del Mundo en Uruguay y que en cada Mundial el reclamo de los hinchas pasa por los valores no oficiales de las entradas, todo indicaba el de Rusia iba a ser diferente por las medidas de seguridad, pero lamentablemente la historia se volvió a repetir.

Los que tuvieron suerte de salir sorteados por FIFA en cada uno de los seis periodos de compra que hubo previo al Mundial, pagaron el precio oficial de las entradas, que rondaba entre los 100 a los 600 dólares, dependiendo del partido y de la categoría (1, 2 y 3). Una gran cantidad de los que pudieron concretar su compra de entradas son revendedores, que utilizan esos tickets para poder venderlos al mejor postor, partiendo de la base que el costo subiría, mínimamente, el doble de lo que la consiguieron. Lejos de querer ir a Rusia a disfrutar de uno de los acontecimientos deportivos más importante del mundo, o de ver a la Selección que representa su país, estos revendedores se hacen llamar trabajadores.

/FIFA

Estaban a la vista de todos, pero siempre intentando pasar desapercibidos porque, como lo dice la ley en la página de FIFA es ilegal la reventa de entradas y la policía podía descubrirlos, lo que implicaba someterse a una revisión y chequeo de todos los tickets que tenían en su poder para comprobar si realmente estaban a nombre de ellos, algo imposible que así sea.

El artículo 4 de las reglas que publicó FIFA en su sitio oficial es muy claro:

“Consecuencias de la Transferencia, Reventa u otro uso no Autorizado de las Entradas”

La transferencia, reventa u otro uso no autorizado de las Entradas supone un incumplimiento de las Condiciones Generales para el Uso de las Entradas. En tal caso, la FIFA cancelará automáticamente las Entradas. Como consecuencia de ello, la FIFA podrá:

a) negarse a entregar las Entradas;

b) negar el ingreso al estadio;

c) expulsar al titular de la entrada del estadio;

d) confiscar la entrada;

e) invalidar electrónicamente la entrada, al igual que cualquier otra entrada comprada por el solicitante en cuestión;

f) presentar una demanda para hacer valer los términos y condiciones, las leyes y reglas vigentes y reclamar daños y perjuicios, si procede; y/o

g) notificar a las autoridades gubernamentales de este incumplimiento.

En este caso el Titular de Entradas no tiene derecho de percibir un reembolso o indemnización.

Precios de las entradas. /FIFA

Este equipo de investigación lo pudo comprobar en las calles de Moscú, cerca de los estadios. Los revendedores andaban en grupos grandes, pero bien distribuidos, la edad superaba en todos los casos los 30 años y se paseaban horas y horas esperando la oportunidad para poder ganar dinero. Entre ellos se consultaban siempre antes de concretar una compra, y a su vez, se comunicaban con su jefe, aunque no parezca cierto, responden a alguien que tiene más poder que ellos, quien sería el cerebro de la operación.

Los partidos que se disputaron en Moscú tuvieron una gran demanda ya que la mayoría de las personas que llegaron para ver el Mundial fueron a la capital de Rusia a hospedarse. Es por eso que las entradas estaban a un valor super alto. Argentina ante Islandia, México-Alemania, Polonia-Senegal y muchos partidos más se jugaron en Luzhniki o Stadium Spartak. Para el partido de la Selección argentina fue tanta la espera y ansiedad por ver a Lionel Messi que hubo gente que pagó hasta 1000 dólares por una entrada. Otro encuentro que nadie se quería perder era el duelo entre los mexicanos y alemanes, es por eso que durante la tarde del mismo día del partido se vendían entradas a partir de los 800 dólares. La oferta y demanda era muy elevada y la gente optaba por no ir a ver a su selección, hasta se pudo observar butacas vacías en los estadios a pesar de que la FIFA anunciaba que todas las entradas habían sido vendidas.

Luzhniki Stadium. Moscow, Russia. /Foto: FIFA

Hay algo que diferencia al hincha latinoamericano con el europeo o de otras partes del mundo, y es que su locura por ver a su selección no reconoce barreras de precio; es capaz de pagar valores exorbitantes por entrar a un estadio de fútbol y los revendedores obviamente están al tanto de eso. Los hinchas peruanos, por ejemplo, vinieron en gran cantidad a Rusia, después de esperar 36 años para volver a jugar un Mundial. Cerca de setenta mil hinchas llegaron con la ilusión de, aunque sea, gritar un gol. Lamentablemente, por la ley básica de oferta y de demanda, solo los pocos afortunados que salieron sorteados en FIFA o los que disponían de mil dólares para pagar una entrada de reventa pudieron ver a Guerrero y compañía.

El caso de Argentina y de Brasil es aún más complicado, ambos equipos tienen figuras de primer nivel como Messi y Neymar y es ahí donde el latinoamericano entra a competir directamente con los fanáticos del fútbol y del mercado asiático, que están dispuestos a pagar cualquier precio por ver a las estrellas en acción dentro del campo de juego.

Los revendedores se hacen un festín. Las oficinas son los alrededores de los centros de entradas FIFA y los estadios. En su mayoría, son franceses y españoles que manejan con mucha fluidez distintos idiomas como el inglés, portugués y hasta algunas palabras en chino o árabe. Nunca están solos y “trabajan” de sol a sol durante los 30 días que dura el Mundial como experimentados comerciantes que aprovechan la ansiedad y la necesidad del hincha. Es un estilo de vida difícil de entender, porque son nómades, viajan por todo el mundo en busca de la oportunidad, en este caso el Mundial de Fútbol, pero su tarjeta de presentación es muy clara, el negocio no es solamente la pelotita, también la Fórmula 1 o cualquier evento que se organice de forma masiva.

Hablamos mucho de la reventa ilegal de entradas, pero hay que reconocer que también hay una reventa legal que, aunque no esté avalada por FIFA, que es clara en su reglamento, cualquiera puede acceder desde su celular o su PC. Www.viagogo.com y www.stubhub.com son las plataformas que le permiten al oportunista vender sus tickets a valores altísimos. A pesar de que la FIFA interpuso el 4 de junio de 2018 ante la Fiscalía General de Suiza (sita en Ginebra) una denuncia penal contra Viagogo por infringir la legislación de competencia desleal, la página vende y vendió una gran cantidad de entradas.

Durante los últimos meses, la FIFA ha recibido numerosas quejas de particulares, organizaciones de protección al consumidor y otros actores del mercado motivados por la conducta opaca y engañosa de Viagogo. Supuestamente tomó cartas en el asunto siguiendo la pauta marcada por otros grupos de interés que ya han denunciado a Viagogo en Suiza por sus prácticas comerciales fraudulentas.

En reiteradas oportunidades la FIFA se jacta de su lucha contra el mercado secundario de entradas, pero realmente cualquiera que tuvo la posibilidad de ingresar a un estadio durante el Mundial pudo observar que no constaron en ningún momento el titular de la entrada con el pasaporte o con el Fan ID, que es el documento de identidad requerido por las autoridades rusas. Todos los titulares de entradas necesitan tener un Fan ID junto con una entrada válida para poder acceder a los estadios que alberguen partidos de la Copa del Mundo, algo que como mencionamos antes nunca se le dio importancia.

Los argentinos buscando conseguir una entrada en la reventa resultó una imagen repetida en la Plaza Roja y en las afueras de los centros oficiales de FIFA. Desde el comienzo de la Copa del Mundo la búsqueda de entradas para estar en los partidos más importantes era incansable y cansadora, ya que al observar constantemente lo que sucedía, se percibía demasiado fastidio y mucho enojo por parte de los compradores.

El centro de este negocio se daba específicamente en Moscú, capital de Rusia, ya que allí había tickets para los encuentros que se jugaron en las diversas ciudades como San Petersburgo, Nizhny Nóvgorod, Kazán, Samara, Rostov del Don y más. Lo más triste es que el gasto no solo era por conseguir entradas, sino que se sumaba al de los viajes, hospedaje y sobrevivencia diaria. Mientras los días iban pasando, los precios iban aumentando, mucho más cuando finalizó la etapa de los grupos, cuando ya estaban definidos los cruces entre las selecciones clasificadas. Una multitud de argentinos apostó en la previa del Mundial a que el seleccionado argentino saldría primero en el grupo y compraron los octavos de final en la sede de Nizhny Nóvgorod. Pero a veces la confianza desmedida termina engañando, es por eso que al enterarse que la Selección tenía solo chances de salir segunda luego de la derrota frente a Croacia por 3 a 0, tuvieron que acercarse a los puntos de reventa para poder venderlas al mismo precio o más, para luego conseguir la de segundo puesto. Una tarea difícil, que dio inicio a una cadena interminable entre unos y otros. La compra era solo en dólares, no se aceptaba otra moneda, ni rublos (moneda nacional), y muchos menos pesos argentinos.

Lo que sorprendió fue que la policía rusa, que estaba presente en los puntos de reventa ilegales y los centros oficiales de FIFA, no actuaba frente a los manejos de dinero e ida y vuelta de tickets. Solo miraban, muy rara vez intervenían como en su momento manifestaron que lo iban a hacer. Cuando el sol invadía Rusia valía todo. Pero cuando la corta noche se presentaba los revendedores escapaban en sus vehículos lujosos, si quedaban a la vista tal vez podrían pasar un mal momento, y porqué no ser arrestados, a pesar de que estos se movían y dispersaban entre la gente como peces en el agua.

La mayoría de los argentinos que llegaron a Rusia para alentar a la Selección argentina no se imaginaban tener que pegar la vuelta en octavos de final. El primer encuentro frente a Islandia parecía accesible pero el empate alertó a los presentes en Moscú. La derrota frente a Croacia impactó muy fuerte, hasta el punto de que los dirigidos por Jorge Sampaoli tenían que esperar por el resultado entre Islandia y Nigeria para tener chances de poder seguir en este Mundial. Argentina ganó épicamente frente a Nigeria y el alivio llegó. Parecía que comenzaba todo de nuevo, que la Selección volvía a renacer en octavos, pero la poderosa Francia se impuso y finalmente arruinó los corazones argentinos que llegaron motivados con ver levantar la Copa a Lionel Messi. A partir de lo ocurrido los argentinos se acercaron a los puntos de venta ilegales para poder vender las entradas de cuartos de final en Nizhny Nóvgorod, y también la de semifinal y final en Moscú, ya que decidieron volver a Argentina y no ver ningún partido más de este Mundial. Unos argentinos contaron que tenían cinco entradas para la semifinal y tres para la final. Eran cuatro amigos, se levantaron temprano para ir a vender las entradas y estuvieron ocho horas para poder concretar la venta. Estos chicos, de no más de 30 años, dijeron que hablaron con varios negociadores, que le proponían un precio y que por lo general el revendedor se los bajaba.

Un revendedor los hizo ir a un Mcdonald's ubicado enfrente del punto de venta para poder confirmar la compra; otro los citó en un Burger King; y así varios lugares estratégicos para poder realizar la transferencia de entradas y dinero con mayor tranquilidad y a la vista de la menor cantidad de personas posible. Finalmente vendieron cinco entradas de semifinal por 6000 dólares, cuando ellos habían comprado a precio FIFA, o sea que ganaron más del triple de cada entrada. Y además vendieron las tres de la final a 2000 dólares cada una. Un negocio redondo para estos chicos de Capital Federal que vinieron con ganas de ver a Argentina en la final pero que se llevaron una gran cantidad de dinero. Se fueron contentos, asegurando que con esa plata recorrerán varios países europeos antes de regresar a la Argentina.

Los revendedores son bajo perfil en su mayoría, están todo el día esperando una oferta que les convenga y jamás salen perdiendo dinero. Se identifican, en su minoría, con carteles colgados de sus cuellos que dicen tickets y no solo son rusos los que aprovechan, sino que también hay franceses, brasileños e ingleses. Si quieren una entrada, te volverán loco para poder bajar el precio. Tienen poder de convencimiento y si no quieren una entrada, no hay que insistir. No, es no. Dan la vuelta y siguen su camino.

La pregunta que planteamos es: ¿es imposible terminar con la reventa de entradas ilegales? Mientras formulan su respuesta lo único que es cierto es que los actores principales de este negocio ya están pensando en el Mundial de Qatar 2022.