Hay muchos futbolistas que abandonan el deporte por sentirse discriminados y decidieron organizar una competencia donde poder jugar sin ser marginados.

Brasil y una liga de fútbol contra la homofobia

Tatiana Milani @TatMilani

28 DE MARZO DE 2018

Algo de público conocimiento es que el fútbol masculino es considerado como la cantera del machismo y la homofobia. Hay miles de casos de jugadores que practicaban este deporte cuando eran chicos, pero entendieron que si querían reconocer su elección sexual debían abandonarlo, porque jamás iban a ser aceptados en ese ámbito, y otros tantos que no aguantaron la presión y llegaron al extremo de quitarse la vida.
Uno ejemplo es el del brasileño Douglas Braga quien a los 12 años se mudó a Río de Janeiro para perseguir el sueño que tiene cualquier niño latinoamericano: ser futbolista profesional. Hasta llegó a abandonar la escuela secundaria para poder entrenarse ocho horas diarias y los 18 años lo alcanzó, fue fichado como arquero del club Botafogo. Cuando todo iba sobre ruedas y su sueño ya estaba casi realizado, un hombre llegó a su vida.
Tres años después de esto, por una cuestión jurídica de contratos, estuvo un tiempo sin jugar. En ese entonces encontró y se enamoró de su primer novio. "Jugando a fútbol, realmente no sabía ni aceptaba que fuera homosexual", explicó Braga y debido a esto abandonó la disciplina y decidió ser abiertamente gay. No obstante y por suerte, descubrió la LiGay.
“No hay una ley que lo prohíba, pero en Brasil hay una barrera social que, de hecho, prohíbe a los gays jugar. Ahora muchos están redescubriendo el deporte después de haber sido intimidados como niños", comentó André Machado, uno de los principales impulsores de la liga mencionada.
Machado tuvo una idea para manifestar esta exclusión, la creación de la LGNF (LiGay Nacional de Futebol) en agosto de 2017. Este es un torneo donde los equipos aceptan que sus jugadores sean como ellos quieren ser. Por el momento los partidos son de siete contra siete, con 12 minutos de duración. Ocho son los conjuntos que integraron la primera Champions LiGay. Se dividieron en dos grupos de cuatro y los dos mejores de cada zona clasificaron a la semifinal. Bharbixas fue el campeón.
En abril del año corriente comenzó la segunda edición y ya duplicó el número de equipos inscriptos (ahora son 16). Pero los organizadores aspiran a más. En agosto se llevarán a cabo los World Gays Games y ellos quieren llevar a tres de sus mejores grupos.
“No solo somos organizadores de encuentros deportivos, en cambio, somos gestores de un cambio de mentalidad que se hace desde un juego”, afirmó Machado. Mientras más viralización se puede hacer de estos hechos más se va a transformar el pensamiento de la sociedad. En el último año, según el Grupo Gay de Bahia (GGB), hasta septiembre del 2017, 277 personas murieron en Brasil por causas homofóbicas, una cada 24 horas, logrando convertirse en el año en el que más individuos fueron asesinados por ser quienes quieren ser.
La realidad es que no hay ninguna diferencia en el tipo de fútbol que juega una persona heterosexual y una gay, pero aún así hay una opinión general de la sociedad que les impide ser futbolista y los aísla. Por esto hay que generar estos proyectos donde pueden ser libres como ellos quieran. Y ya lo dijo Luis Alberto Spinetta: las habladurías del mundo no podrán atraparlos.

Algo de público conocimiento es que el fútbol masculino es considerado como la cantera del machismo y la homofobia. Hay miles de casos de jugadores que practicaban este deporte cuando eran chicos, pero entendieron que si querían reconocer su elección sexual debían abandonarlo, porque jamás iban a ser aceptados en ese ámbito, y otros tantos que no aguantaron la presión y llegaron al extremo de quitarse la vida.

Uno ejemplo es el del brasileño Douglas Braga quien a los 12 años se mudó a Río de Janeiro para perseguir el sueño que tiene cualquier niño latinoamericano: ser futbolista profesional. Hasta llegó a abandonar la escuela secundaria para poder entrenarse ocho horas diarias y los 18 años lo alcanzó, fue fichado como arquero del club Botafogo. Cuando todo iba sobre ruedas y su sueño ya estaba casi realizado, un hombre llegó a su vida.

Tres años después de esto, por una cuestión jurídica de contratos, estuvo un tiempo sin jugar. En ese entonces encontró y se enamoró de su primer novio. "Jugando a fútbol, realmente no sabía ni aceptaba que fuera homosexual", explicó Braga y debido a esto abandonó la disciplina y decidió ser abiertamente gay. No obstante y por suerte, descubrió la LiGay.

“No hay una ley que lo prohíba, pero en Brasil hay una barrera social que, de hecho, prohíbe a los gays jugar. Ahora muchos están redescubriendo el deporte después de haber sido intimidados como niños", comentó André Machado, uno de los principales impulsores de la liga mencionada.

Machado tuvo una idea para manifestar esta exclusión, la creación de la LiGay Nacional de Futebol (LGNF) en agosto de 2017. Este es un torneo donde los equipos aceptan que sus jugadores sean como ellos quieren ser. Por el momento los partidos son de siete contra siete, con 12 minutos de duración. Ocho son los conjuntos que integraron la primera Champions LiGay. Se dividieron en dos grupos de cuatro y los dos mejores de cada zona clasificaron a la semifinal. Bharbixas fue el campeón.

En abril del año corriente comenzó la segunda edición y ya duplicó el número de equipos inscriptos (ahora son 16). Pero los organizadores aspiran a más. En agosto se llevarán a cabo los World Gays Games y ellos quieren llevar a tres de sus mejores grupos.

“No solo somos organizadores de encuentros deportivos, en cambio, somos gestores de un cambio de mentalidad que se hace desde un juego”, afirmó Machado. Mientras más viralización se puede hacer de estos hechos más se va a transformar el pensamiento de la sociedad. En el último año, según el Grupo Gay de Bahia (GGB), hasta septiembre del 2017, 277 personas murieron en Brasil por causas homofóbicas, una cada 24 horas, logrando convertirse en el año en el que más individuos fueron asesinados por ser quienes quieren ser.

La realidad es que no hay ninguna diferencia en el tipo de fútbol que juega una persona heterosexual y una gay, pero aún así hay una opinión general de la sociedad que les impide ser futbolista y los aísla. Por esto hay que generar estos proyectos donde pueden ser libres como ellos quieran. Y ya lo dijo Luis Alberto Spinetta: las habladurías del mundo no podrán atraparlos.