Como figura y referente, Lionel Messi ataja las críticas del hincha y la prensa por el adverso presente del equipo. Sin embargo, ¿él es el máximo responsable?

Atajala, Messi

Joaquín Grasso

28 DE MARZO DE 2018

Luego de 12 años, la Selección Argentina vuelve a cambiar a su arquero en pleno Mundial –en Alemania 2006 había sido Leonardo Franco por Roberto Abbondanzieri-. La desacertada decisión de Wilfredo Caballero que ocasionó el primer gol de Croacia y las dudas que expuso en sus dos partidos del torneo suscitó que el entrenador Jorge Sampaoli ubique en su lugar a Franco Armani. Con el correr de los días, las críticas hacia el jugador del Chelsea fueron disipándose y se centraron en un jugador puntual: “¿Qué le pasa a Messi?”, se preguntan todos.
Está en evidencia que el nivel futbolístico exhibido por el astro rosarino no está a la altura de las expectativas de un país ilusionado con lograr el título en Rusia. Ante el bajo rendimiento individual y los resultados desfavorables, los cañones apuntan al 10. Lo acusan de armar el equipo, de no rendir como en el Barcelona –sí, como en los viejos tiempos-, de su falta de liderazgo, de estar poco participativo, le inventan peleas con su mujer e incluso aseguran que está deprimido. “Lionel sufre la necesidad de rendir examen con una frecuencia inmerecida”, afirmó Marcelo Bielsa.
El tercer grito croata retrata el accionar del capitán en la cancha: Argentina perdió la posesión y los balcánicos rápidamente contraatacaron. Modri?, con la pelota en su poder, enfiló para el arco albiceleste mientras Messi, a toda velocidad, perseguía a Kova?i? hasta el borde del área para tapar la opción de pase. Finalmente fue gol. La televisión demoró unos segundos en enfocar el delirio europeo en primer plano. Ese tiempo bastó para ver al 10, desanimado. Se llevó la mano a la cara y agachó la cabeza –gesto idéntico al que hizo en el momento del himno-, y volvió, a paso lento, hacia el centro de la cancha. “¿Por qué no marcó?” es la demanda popular. Pero, ¿es esa su función?
"La selección juega como si Messi no existiera". La frase de Jorge Valdano explica a la perfección el circuito de juego argentino en ambos duelos, sin importar la táctica empleada: saca Caballero. Recibe la pelota Otamendi. Se la pasa a Salvio, que se la devuelve al primer toque. Mascherano se acerca y entra en contacto. La abre para Tagliafico, que se apoya con Meza sobre la izquierda. Nuevamente para el número 3 que, acechado por la marca, le regresa la pelota al arquero. De esta manera, con un toqueteo sin profundidad en el propio campo y sin la presencia de alguien que rompa líneas con un pase, Messi se ve obligado a retroceder 15 metros para intervenir en la creación, eludir a los rivales que su habilidad le permita y así generar espacios en ataque. El diario y el hincha dirán que la estrella nacional no apareció, que se escondió.
El 10 sigue sin encontrar un socio en este equipo, alguien que le entregue la pelota al pie. El funcionamiento colectivo depende exclusivamente de su zurda y si está marcado o no incide en la jugada, la Selección se hunde en la previsibilidad. Con este panorama desfavorable, Messi ataja las críticas y se carga sobre sus hombros la presión de todo un país que vuelve a entregarle el tan pesado mote de “salvador”, previo al duelo crucial ante Nigeria. "Es increíble pero no puede hacerlo todo solo", expresó Modri? después del 3-0. Lo entienden todos, menos los argentinos.

Luego de 12 años, la Selección Argentina vuelve a cambiar a su arquero en pleno Mundial –en Alemania 2006 había sido Leonardo Franco por Roberto Abbondanzieri-. La desacertada decisión de Wilfredo Caballero que ocasionó el primer gol de Croacia y las dudas que expuso en sus dos partidos del torneo suscitó que el entrenador Jorge Sampaoli ubique en su lugar a Franco Armani. Con el correr de los días, las críticas hacia el jugador del Chelsea fueron disipándose y se centraron en un jugador puntual: “¿Qué le pasa a Messi?”, se preguntan todos.

Está en evidencia que el nivel futbolístico exhibido por el astro rosarino no está a la altura de las expectativas de un país ilusionado con lograr el título en Rusia. Ante el bajo rendimiento individual y los resultados desfavorables, los cañones apuntan al 10. Lo acusan de armar el equipo, de no rendir como en el Barcelona –sí, como en los viejos tiempos-, de su falta de liderazgo, de estar poco participativo, le inventan peleas con su mujer e incluso aseguran que está deprimido. “Lionel sufre la necesidad de rendir examen con una frecuencia inmerecida”, afirmó Marcelo Bielsa.

El tercer grito croata retrata el accionar del capitán en la cancha: Argentina perdió la posesión y los balcánicos rápidamente contraatacaron. Modric, con la pelota en su poder, enfiló para el arco albiceleste mientras Messi, a toda velocidad, perseguía a Kovacic hasta el borde del área para tapar la opción de pase. Finalmente fue gol. La televisión demoró unos segundos en enfocar el delirio europeo en primer plano. Ese tiempo bastó para ver al 10, desanimado. Se llevó la mano a la cara y agachó la cabeza –gesto idéntico al que hizo en el momento del himno-, y volvió, a paso lento, hacia el centro de la cancha. “¿Por qué no marcó?” es la demanda popular. Pero, ¿es esa su función?

"La selección juega como si Messi no existiera". La frase de Jorge Valdano explica a la perfección el circuito de juego argentino en ambos duelos, sin importar la táctica empleada: saca Caballero. Recibe la pelota Otamendi. Se la pasa a Salvio, que se la devuelve al primer toque. Mascherano se acerca y entra en contacto. La abre para Tagliafico, que se apoya con Meza sobre la izquierda. Nuevamente para el número 3 que, acechado por la marca, le regresa la pelota al arquero. De esta manera, con un toqueteo sin profundidad en el propio campo y sin la presencia de alguien que rompa líneas con un pase, Messi se ve obligado a retroceder 15 metros para intervenir en la creación, eludir a los rivales que su habilidad le permita y así generar espacios en ataque. El diario y el hincha dirán que la estrella nacional no apareció, que se escondió.

El 10 sigue sin encontrar un socio en este equipo, alguien que le entregue la pelota al pie. El funcionamiento colectivo depende exclusivamente de su zurda y si está marcado o no incide en la jugada, la Selección se hunde en la previsibilidad. Con este panorama desfavorable, Messi ataja las críticas y se carga sobre sus hombros la presión de todo un país que vuelve a entregarle el tan pesado mote de “salvador”, previo al duelo crucial ante Nigeria. "Es increíble pero no puede hacerlo todo solo", expresó Modri? después del 3-0. Lo entienden todos, menos los argentinos.