En el Estadio Olímpico Luzhniki se disputará el partido inaugural del Mundial: Rusia frente a Arabia Saudita. Será en un escenario político-deportivo interesante: en un palco estará el anfitrión Putin; en otro, Salmán Bin Abdulaziz, rey del país visitante y apoyado por Donald Trump.

El partido inaugural y su carácter político

Rodrigo Engel

28 DE MARZO DE 2018

La inauguración del vigésimo primer Mundial está al alcance de nuestras narices. Hoy Rusia y Arabia Saudita darán el puntapié inicial al acontecimiento que convoca a 32 seleccionados. El deporte, y mayormente el fútbol, no discrimina las conjeturas de su vinculación constante con la política, por lo que este particular encuentro no deja de ser la excepción a la regla.
Rusia y Arabia Saudita disputarán a las 12 del mediodía (horario argentino) el primero de los 64 choques del certamen. Un encuentro que pondrá frente a frente, dentro del campo de juego, a dos selecciones cuyos países se ven enfrentados en el territorio más disputado del Siglo XXI: Siria y la presidencia de Bashar Al Asad.
Arabia Saudita e Irán son el contraste en el Mundo Musulmán. Los saudíes son gobernados por una Monarquía en la cual el reino es propiedad privada del Monarca Musulmán Sunita, mientras que los iraníes por una República Islámica Chiita. Esta diferencia sobre religiones es la más contundente entre las dos poblaciones.
El conflicto que los vincula actualmente surge como consecuencia de la denominada “Primavera Árabe”: un movimiento llevado a cabo en gran cantidad de países de Medio Oriente, donde multitudes se manifestaron en busca de democratizar los países árabes. En Siria, la seguridad a cargo del presidente Bashar Al Asad, Chiita por cierto, reprimió a la población Sunita.
Esto desató el ingreso de los Fundamentalistas Islámicos (ISIS) en el espacio sirio hasta tomar el control de más de la mitad del territorio. A través de los hechos, Estados Unidos y Rusia tomaron partido en el asunto.
Además de intereses económicos, son tres los objetivos principales del zar Vladimir Putin y el iraní Hasan Rouhaní en Siria: no permitir el derrocamiento de Al Asah -quien es un aliado en Medio Oriente-, defender las reservas de gas y establecer una salida al Mar Mediterráneo.
Por otra parte, la intención del heredero Salmán Bin Abdulaziz, apoyado por Donald Trump, es destituir al gobierno sirio y colocar uno que les sea afín.
El conflicto entre los detallados países de Medio Oriente es, en algunos sentidos, un equivalente regional de la Guerra Fría, que enfrentó a Estados Unidos con la Unión Soviética.
El Estadio Olímpico Luzhniki albergará, luego de la esperada ceremonia inaugural, un escenario político-deportivo interesante. En un palco estará el anfitrión Putin. En otro, Bin Abdulaziz. Y dentro del rectángulo los capitanes Ígor Akinfeev y Osama Hawsawi darán inicio a una nueva Copa Del Mundo.
¿El enemigo de mi amigo es amigo mío?

La inauguración del vigésimo primer Mundial está al alcance de nuestras narices. Hoy Rusia y Arabia Saudita darán el puntapié inicial al acontecimiento que convoca a 32 seleccionados. El deporte, y mayormente el fútbol, no discrimina las conjeturas de su vinculación constante con la política, por lo que este particular encuentro no deja de ser la excepción a la regla.

Rusia y Arabia Saudita disputarán a las 12 del mediodía (horario argentino) el primero de los 64 choques del certamen. Un encuentro que pondrá frente a frente, dentro del campo de juego, a dos selecciones cuyos países se ven enfrentados en el territorio más disputado del Siglo XXI: Siria y la presidencia de Bashar Al Asad.

Arabia Saudita e Irán son el contraste en el Mundo Musulmán. Los saudíes son gobernados por una Monarquía en la cual el reino es propiedad privada del Monarca Musulmán Sunita, mientras que los iraníes por una República Islámica Chiita. Esta diferencia sobre religiones es la más contundente entre las dos poblaciones.

El conflicto que los vincula actualmente surge como consecuencia de la denominada “Primavera Árabe”: un movimiento llevado a cabo en gran cantidad de países de Medio Oriente, donde multitudes se manifestaron en busca de democratizar los países árabes. En Siria, la seguridad a cargo del presidente Bashar Al Asad, Chiita por cierto, reprimió a la población Sunita.

Esto desató el ingreso de los Fundamentalistas Islámicos (ISIS) en el espacio sirio hasta tomar el control de más de la mitad del territorio. A través de los hechos, Estados Unidos y Rusia tomaron partido en el asunto.

Además de intereses económicos, son tres los objetivos principales del zar Vladimir Putin y el iraní Hasan Rouhaní en Siria: no permitir el derrocamiento de Al Asah -quien es un aliado en Medio Oriente-, defender las reservas de gas y establecer una salida al Mar Mediterráneo.

Por otra parte, la intención del heredero Salmán Bin Abdulaziz, apoyado por Donald Trump, es destituir al gobierno sirio y colocar uno que les sea afín.

El conflicto entre los detallados países de Medio Oriente es, en algunos sentidos, un equivalente regional de la Guerra Fría, que enfrentó a Estados Unidos con la Unión Soviética.

El Estadio Olímpico Luzhniki albergará, luego de la esperada ceremonia inaugural, un escenario político-deportivo interesante. En un palco estará el anfitrión Putin. En otro, Bin Abdulaziz. Y dentro del rectángulo los capitanes Ígor Akinfeev y Osama Hawsawi darán inicio a una nueva Copa del Mundo.

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